Cansado de estar en control

Marco se dejó caer sobre el caro y cómodo sillón de su living.

Estaba agotado.

Se aflojó la corbata y recostó la cabeza contra el respaldo del sillón, cerrando los ojos. Unas manos bajando por las solapas de su chaqueta lo despertaron.

-Hola mi amor -le dijo su esposa besándolo en la mejilla. -¿Qué tal tu día?

-Uff… ni preguntes -respondió él, aunque ya se sentía mejor ahora que estaba en su hogar, con ella.

Cerró los ojos otra vez mientras las manos de su esposa, Silvia, lo masajeaban desde sus hombros hasta su abdomen, y volvían a subir. Después de un momento le respondió a su pregunta.

-Mi día ha sido especialmente estresante… -Y agregó -¿Sabes…? Estoy pensando en comenzar un romance de oficina.

Las manos de su esposa se detuvieron en medio de su recorrido, lo miró sorprendida.

-¿Por qué en la oficina? Traela acá, ¿cómo es ella?

Marco pensó un momento, casi riendo de ante mano antes de contestar:

-Es… alto, morocho….

Su esposa soltó un gemido de deleite y lo abrazó por el cuello.

-Delicioso, -le susurro al oído riendo. -la verdad es que me parece de los más excitante, ojala pronto los pueda ver juntos personalmente.

Marco soltó una carcajada.

-¿Es que no hay nada que te sorprenda mujer? Te acabo de confesar mi primera fantasía homosexual y vos ya estás haciendo planes para un trío.

Así era su esposa. Una vez más Marco dio gracias al cielo por haber encontrado una mujer que lo entendiera y compartiera sus obsesiones, fantasías y perversiones. Le tomó una mano de uñas perfectamente esculpidas y le besó los dedos.

-Cariño, te conozco bien. Y sé que vos también sabes… que sos un macho impresionante y si realmente queres a ese hombre en tu cama, o en tu escritorio, o donde sea, ahí lo vas a tener. Él no tiene ninguna posibilidad de escapar.

Marco sintió su sangre debatirse entre su cara y su miembro ante el halago y la idea de sodomizar a su empleado.

Ella tenía razón, el podía ser intimidante cuando tenía que serlo, y tenía que ser todo el jodido tiempo. Tanto… que cada día llegaba a su casa harto, cansado de estar en control.

-¿Qué tenes preparado para mi hoy? -Preguntó, girando el rostro hacia su esposa.

-No cambies de tema, -le respondió ella riendo y le mordió con fuerza el lóbulo de la oreja. Marco ni se quejó, apretó los dientes y sintió como se le endurecía la entrepierna.

-¿Cómo es él? -insistió.

-Pues… -Reflexionó unos segundos –Es joven, debe tener 20 años… –hizo otra pausa. -No hay mucho que decir, apenas si le he dirigido palabra, pero…

Marco recordó su reacción cuando le hizo hacer todo un balance de nuevo, solo porque le faltaba sumar un porcentaje al valor total. El chico no dijo nada, tomó sus papeles en silencio y sin ninguna expresión se retiró de su oficina.

-Tiene potencial. -Concluyó. Como si eso resumiera a toda una persona. Y entre él y su esposa, así era.

-Mmmm… -murmuro ella, besándole el hueco debajo de la oreja -Delicioso. -y se puso de pie, retirando los brazos de su cuello.

Una mano lo sujetó por el pelo y la cabeza de Marco se inclinó hacia atrás cayendo sobre el respaldo del sillón.

-Ahora levantate, anda al dormitorio y esperame en la cama. -El tono de su esposa no daba lugar a réplicas.

***

Agh!

Marco apretó los puños, sujetos al dosel de la cama por unas esposas de metal.

Escuchó pasos que caminan de un lado de la habitación hacia el otro, expectante al siguiente golpe. Lo tomó de sorpresa, como el anterior, descargando sobre su pecho.

Mierda, cómo dolía. No llegó a recuperarse que un tercer cintazo cayó en su entrepierna, aun con los pantalones puestos.

Menos mal. Aun así, el dolor del impacto lo dejó sin aire. Jadeando, podía sentir como sus testículos palpitaban. Si lo golpeaba otra vez ahí, estallaría.

Pero no lo hizo, obviamente. Su esposa sabía exactamente donde golpearlo, cómo, y la justa cantidad de veces antes de que hacerlo acabar. Se conocían así de bien; si ella quería, podía tenerlo al borde del orgasmo toda la noche. Aunque no era lo habitual, después de todo, mañana tenía que madrugar.

¡Zaz! En el muslo. La mente de Marco volvió al presente violentamente, olvidados su trabajo y sus responsabilidades. Y eso no era algo fácil de lograr.

Otro golpe en su entrepierna. Dios. Marco respiró profundamente, intentando calmarse.

-Creo que mi esclavo ya ha tenido suficiente de esto -escuchó que decía su esposa -es hora de que vea si mis atenciones han surtido efecto.

Unas manos le abrieron el cierre del pantalón. El cinturón ya se lo había sacado antes, evidentemente, y tirando hacia abajo le dejó expuesta la enorme erección. Su miembro estaba hinchado y palpitante, sus testículos enrojecidos. Había un poco de semen en el glande.

-¿Qué es esto? -dijo su esposa con esa voz de regaño que a Marco tanto le erizaba, y sintió como le sujetaba el pene con fuerza -¿Es que te ha gustado mi castigo? -comenzó a masturbarlo deslizando la mano hacia arriba y abajo.

-Tendré que pensar en castigos más crueles, me parece.

Marco sintió como dejaba caer su miembro y se estremeció de pies a cabeza cuando un manotazo de palma abierta descargó sobre sus testículos.

-Aghrr- gruñó.

-¿Qué dijiste? -le sujetó el pene otra vez, y se lo estrujó -¿Dijiste algo?

Él se quedó quieto, intentando calmarse, escuchando en sus oídos el bombeó de su circulación.

-Ah, así me gusta -Le soltó el pene, no sin antes tironeárselo hacia arriba -me gusta que mis esclavos sean educados y que solo hablen cuando tienen permiso.

Silvia le pasó las uñas por la parte interna del muslo, desde la rodilla hasta casi rozar los testículos, y de nuevo hacia abajo. Le agarró un puñado de carne de esa parte y le hundió las uñas con fuerza.

Puta madre que dolía. Apretó los dientes.

Ella lo soltó y volvió a pasarle las uñas, esta vez, sujetando su miembro con la otra mano, masturbándolo lentamente.

Justo cuando se estaba acostumbrando a sus movimientos, le dio otra brutal palmeada en los testículos que le puso el cuerpo entero al rojo vivo.

-Ni se te ocurra acabar Marco… -la voz de su mujer tenía una autoridad más acorde a la de un general ante un ejército, y sin embargo era una voz de mujer, sin que eso le restara efecto. Durante estas sesionas Marco realmente creía que estaba a su merced.

Le tenía rodeado el miembro y se lo acariciaba, llegando hasta el glande y volviendo a bajar, esparciendo la humedad de su sexo a lo largo de su erección, con la otra lo acarició con las uñas unos momentos, antes de volver a descargar su palma sobre él.

-No tenes permiso para acabar, ¿me escuchas? -Silvia le acarició los testículos casi gentilmente, haciendo círculos sobre su piel.

Unos segundos después levantó el brazo medio metro y lo abofeteó otra vez en esa parte sensible.

Dios. Seguía masturbándolo con una mano, y con la otra le acariciaba suavemente la piel caliente que cubría sus genitales adoloridos e hinchados.

El sonido de la respiración jadeante masculina fue interrumpido por otro golpe más.

Silvia le estaba pegando con toda su fuerza. Marco se quedó laxo en la cama, casi podía sentir lágrimas en los ojos. Si contraía un solo músculo, iba a eyacular.

Como si le leyera el pensamiento su esposa le sujetó el pene con fuerza.

-¡No…

Golpe

-Se te ocurra…

Golpe

-Acabar!

Golpe

Marco ya no sabía ni donde estaba, bajo la venda sus ojos miraban hacia arriba, perdidos en sus cuencas. Tenía el cuerpo tan vibrante que casi podía escuchar a sus células rogando por la liberación del orgasmo.

Sinceramente, él no podría haber dicho si ya había acabado o no, tenía el sexo caliente, palpitante y adolorido. Los testículos le ardían.

De pronto fue consciente de un peso sobre su pecho, y de que alguien le sujetaba la cabeza, levantándosela y sintió en su boca el sabor tan familiar del sexo de Silvia. Sus manos le tiraban del pelo ferozmente mientras aplastaba su sexo contra sus labios.

Marco no se hizo esperar y comenzó a besarle los labios vaginales, a chuparla y a succionarla. Le encantaba esta parte, teniendo como almohada los muslos de su esposa, y ella sujetándole la cabeza, se sentía sumergido en su sexo casi de cuerpo entero lo que era tremendamente erótico. Y el dolor en su cabellera era aplicado con una maestría implacable.

Ella estaba prácticamente sentada sobre su cara, gritando y gimiendo y él deseó tener las manos libres para apretarla aún más contra él. Poder penetrarla más con la lengua. La mordió, y ella se sacudió, gimiendo entrecortadamente -Me las… vas a… pagar…

La lamió y chupó de arriba abajo, hasta que sintió que Silvia le guiaba la boca hacia su vagina. Marco le metió la lengua lo más que pudo, y la penetró sin parar mientras, él sabía, su esposa se masturbaba el clítoris. Su boca estaba llena de los jugos orgásmico de su mujer, y no tenia reparos para tragarlos, le encantaba. Lo calentaba hasta la locura.

Sintió como la vagina de su esposa se convulsionaba y le apretaba la lengua y la sintió estremecerse mientras le aferraba la cabeza y le restregaba su sexo contra su boca hambrienta.

Cuando los espasmos acabaron, su esposa se dejó caer de espaldas sobre él, dejando que su cabellera le rozara la entrepierna aún hinchada.

Escuchó como exhalaba un murmullo de placer, y sonrió para sí.

-Mmm… qué  buena lengua tiene mi querido esclavo -dijo incorporándose. A Marco nunca lo dejaba de maravillar lo rápido que se recuperaban las mujeres después del clímax. -Me parece que te mereces algo especial.

Él se tensó ante la palabra. Especial entre ellos solo podía significar una cosa.

Silvia se recostó sobre el estómago de su esposo, apoyando la cabeza sobre él como si fuera una almohada y comenzó a lamerle suavemente la punta del pene, dándole besitos.

Oh si, esto iba a doler, pensó Marco, con anticipación.

Sentía como su esposa le chupaba, lamía y besaba el glande, mientras le acariciaba con dulzura los testículos. Dulzura que hizo que la nueva cachetada que le dio en esa parte todavía adolorida se sintiera más brutal.

Él ni siquiera gimió, un solo golpe más y acabaría. Era demasiado sentir una boca chupándolo y ese dolor intenso…

Otro golpe.

Marco se convulsionó mientras eyaculaba copiosamente en la boca de su mujer, la cual se apresuró a engullir todo su miembro hasta la garganta, mientras le encestaba golpe tras golpe hasta que el orgasmo de su esposo empezó a remitir.

La boca de Silvia se llenó rápidamente de semen mientras ella, sedienta, le chupaba el pene con dedicación y le pegaba con toda su fuerza. El cuerpo de su marido se convulsionaba violentamente y el miembro en su boca palpitaba deliciosamente.

Los golpes cesaron junto con los espasmos, pero ella le siguió practicando sexo oral hasta que se preguntó si su marido se había dormido, pues estaba demasiado inmovil. Con una sonrisa de satisfacción se incorporó y le acarició la mejilla. Estaba totalmente volteado.

-Amor, ¿estás despierto?

Marco gimió en respuesta. Ni palabras podía articular. Su esposa lo beso en la boca, para que pudiera saborear su propio placer.

-¿Te gustó…

Beso.

…o fui demasiado dura?

Otro gemido, aunque esta vez acompañado por una pequeña sonrisa.

***

La mano de su empleado permanecía suspendida en el aire a pesar de que Marco lo estaba ignorando más de lo que cualquiera podría adjudicar al despiste.

-Deja los papeles en la mesa -le dijo sin mirarlo. Y siguió leyendo el monitor con gesto de irritación, sin realmente leer nada.

Ezequiel dejo los papeles en la mesa y se dirigió hacia la puerta. Marco levantó la vista.

Alto, casi tanto como él, pelo negro, delgado, su empleado aun tenía restos de adolescencia en su contextura, lo que contrastaba con su prematura seriedad.

Lo intrigaba… y eso lo molestaba.

-Ezequiel -Dijo Marco con una voz grave y algo ronca y pudo apreciar como el muchacho se  estremecía sutilmente ante su tono.

Esto complació a Marco hasta lo indecible.

El chico se giró con ese rostro tan impasible y una mano apoyada en el picaporte.

-¿Si?

-Cerrá la puerta, tengo que hablarte de algo.

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3 comentarios en “Cansado de estar en control

  1. Me encanta ese final. Hace que el relato sea redondo, y los finales redondos siempre me gustan. Empieza con el joven y termina con el joven.
    La única duda es si es posible de verdad eyacular y empalmarse solo a base de golpes. Entiendo el placer de la violencia y la sumisión, pero me cuesta imaginar mantener una erección si me golpearan los testículos con violencia. Aunque como no soy un experto en la materia poco puedo decir.
    🙂

    • Intuyo que serán personajes reincidentes 😉 Al menos se que estoy escribiendo la continuación aunque ya tengo 3 relatos inconclusos. A ver cual termino primero.
      pd: =) Gracias por la buena onda :*

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