Siempre me haces lo mismo

Laura lo miraba a través del espejo.

Ahí estaba el, acostado en el sillón con los brazos detrás de la cabeza, mirando cómo se vestía mientras sonreía de lado como si no tuvieran que salir en 15 minutos.

Tomó el otro aro de la mesita, ladeó la cabeza para que su larga cabellera despejara su hombro, y le dijo en tono insistente mientras intentaba embocar el aro en su oreja -Damián ¿Podes empezar a vestiste?

-Todavía hay tiempo che… -dijo el sin inmutarse.

-15 minutos, Damián. 15 minutos, no te hagas el tonto.

-Pero si yo tardo 5 minutos en prepararme… -y saboreandola con los ojos mientras ella se subía el vestido negro por las piernas agregó -no como algunas…

Ella lo fulminó con la mirada mientras se subía el cierre -me gustaría verte a vos poniéndote medias de cancán, corpiño, bombacha, desenredándote 50 centímetros de pelo, hacerte un peinado, combinar la ropa, elegir la beijuteri…

-Ya, ya. Ya entendí -le cortó Damián riendo pero ella seguía.

-…maquillarte, perfumarte ¡dios! A vos te tengo que dar gracias si salís de la casa duchado y con algo más que los calzoncillos encima.

Damián se puso de pie y la abrazó por detrás besándole el cuello, sonriendo.

Ella se tensó al principio pero un segundo después se aflojó suspirando. -¿Por qué siempre me haces lo mismo? -Preguntó después de un momento con voz cansada.

El levantó la cabeza y la miro a través del cristal con ojos inocentes -¿Qué cosa?

Laura lo miró, acusadora -Esperar a que me vista, me peine, me “todo” para decirme que no queres ir.

El bajó la cabeza hacia su cuello otra vez sin dejar de sonreír -Es que me encanta ver cómo te vestís -le susurró sobre la piel debajo de la oreja. Bajó las manos hacia sus piernas -Ver cómo te enfundas los cancanes por una pierna… -Le acarició los muslos subiéndole el vestido -Luego por la otra…

»Me encanta observarte cruzar las piernas para subirte el cierre de las botas… –Continuó, acariciándole la parte interna de los muslos. Levantó una mano enredando sus dedos en su cabello -ver cómo te cae el pelo por la espalda mientras te lo cepillas -Tiró de su cabellera suavemente ladeando la cabeza femenina hacia un costado, y besó su cuello mientras hundía la otra mano entre sus piernas, posándola sobre su sexo cubierto por la fina prenda interior.

Ella abrió los ojos que había cerrado un momento antes y le preguntó resignada -¿Entonces no queres ir? -Volvió a cerrar los ojos cuando él subió su mano por su entrepierna y la introdujo debajo de la bombacha.

Con sumo cuidado le apoyó el dedo medio sobre la suave piel que cubría su clítoris -¿Vos queres ir? -le preguntó haciendo pequeñísimos círculos sobre ella.

Laura soltó el aire que estaba conteniendo y dejo caer su nuca contra el pecho de Damián -No… -dijo entrecortadamente -Pero… Es que nunca vamos a ningún lado… Siempre terminamos quedándonos acá -Concluyó con tono triste.

El la rodeó con un brazo por la cintura mientras le seguía haciendo pequeños círculos bajo su ropa interior -¿y qué hacemos cuando nos quedamos acá? -le susurró al oído.

Ella se estremeció al sentir el aliento caliente sobre su oreja.

-¿Mmm? -Insistió -¿Qué hacemos? -le preguntó con voz ronca y le atrapó el lóbulo de la oreja con sus labios.

-Cojer -Dijo ella al fin algo sofocada.

Damián levantó las cejas sorprendido y soltó una carcajada -Vaya ¿Así lo llamarías? Pensé que ibas a decirlo de una manera más delicada -Bromeó mientras no paraba de masajearla suavemente -hacer el amor… algo así.

Ella tenía los ojos cerrados, parecía no escucharle del todo. Damián la observó en el espejo, con la cabeza inclinada hacia atrás, los parpados caídos, sus pupilas perdidas hacia arriba, sus brazos abrazándola por detrás meciéndola suavemente mientras la ablandaba con sus dedos. No, definitivamente no tenía ganas de ir al cumpleaños al que estaban invitados.

Hundió la mano más entre sus muslos y apoyó los dedos sobre sus labios húmedos masajeándola en círculos lentos sin abrirle el sexo aún, el pulgar se lo apoyó sobre el clítoris y sintió como a ella se le aflojaban las rodillas. La sujetó con más fuerza por la cintura mientras la derretía con sus caricias.

Cuando Laura soltó un sollozo de placer, él sintió como se le endurecía el miembro y se lo apretó contra las nalgas mientras le chupaba el cuello. Ella volvió a gemir y el levantó la cabeza para observarla en el espejo. Vio una lágrima en su mejilla.

Siempre le arrancaba lagrimas de pasión pero había algo en su rostro… algo en su gesto triste que lo enfrió.

Dejó de mover la mano sobre su sexo húmedo y después de unos momentos le preguntó -¿Laura… queres ir a esa fiesta?

Ella abrió los ojos mirando de lado y arrugó el entrecejo -¿Cómo que si quiero ir?

-Si queres ir, vamos…

Permaneció en silencio por unos segundos antes de decir -¿Me estar cargando? -su voz era una mezcla de risa e incredulidad -¡Ahora no quiero ir! Ya fue. Ya está.

Se removió entre sus brazos para que la soltara pero él mantuvo su brazo firme y comenzó a masturbarla decididamente. Deslizó sus dedos húmedos por sus sexo hacia arriba y hacia abajo, todo a lo largo de sus labios íntimos llegando hasta su clítoris.

Ella se rindió a los pocos segundos y tomó aire con fuerza, quedándose inmóvil. Los dedos masculinos bajaban y subían sin parar pero a un ritmo lento, resbalando por entre los pétalos de su sexo. Le apoyó los labios contra la oreja, rosándola con su aliento mientras la frotaba en movimientos tan lentos como sensuales.

En un momento tocó su clítoris con sus dedos húmedos y calientes y ella aflojó todos los músculos en un intento por retrasar el clímax. Se hubiera caído al piso si Damián no la hubiera estado sosteniendo. La penetró con un dedo y alzándola por la cintura y por su entrepierna la levantó y se acostó en el sillón con ella encima de él.

Su cabellera cayó sobre su cara tapándole los ojos. No importaba, se concentro en sus manos. Metió una por su escote y le comenzó a masajear uno de sus tersos pechos mientras con la otra mano la penetraba y acariciaba. Ella gemía delicadamente ante su tacto y sus movimientos.

Mientras la masturbaba despacio pensó con un rincón de su mente que siempre le pasaba lo mismo. Cuando ella se estaba preparando para salir, sea con él o sola, lo invadía una irremediable excitación.

Su mano estaba empapada, le retiró el dedo de su interior y le restregó la palma por todo su sexo esparciendo la humedad por toda la zona. Le encantaba hacer eso, alternar entre movimientos delicados y suaves con otras cosas no tan delicadas, como hacerle chupar sus dedos para que pudiera saborear su propio placer.

Hundió la mano más adentro de su muslos y sondeó en busca de su ano, estaba a punto de penetrarla con un dedo cuando recordó su resolución de hace unos momentos.

Con el ruido de su circulación en los oídos, largó un suspiro y decidió hacerla acaba cuando antes. Antes de que él no pudiera controlarse.

Le sacó la mano del corpiño, y se incorporó un poco sobre el sillón, acomodándola entre sus piernas. La otra mano siempre en su interior. Una vez cómodo la rodeó con el brazo y la apretó con fuerza contra su erección, encajándola justo ahí, y luego dirigió esa mano también a su sexo. Le metió dos dedos con la izquierda y con la derecha, húmeda y caliente, le apretó el pequeño e hinchado interruptor de placer. Laura dejó caer la cabeza hacia atrás con la boca entre abierta, conteniendo la respiración.

Damián se dio cuenta de que intentaba otra vez retrasar el orgasmo, mientras él se lo quería provocar. Eso, como la idea de hacerle el amor justo cuando ella no podía porque tenía algún compromiso, lo excitó tremendamente.

Le apoyó la pera sobre su clavícula, sosteniéndola con su cabeza, y le introdujo los dedos lo más que pudo mientras que apretaba un poco más fuerte y rápido sobre su clítoris. Laura se crispó y le clavó las uñas en los ante brazos retorciéndose unos segundos antes de que su cuerpo empezara sacudirse violentamente.

Damián la apretó con ambas manos empujándola hacia su cuerpo, sosteniéndola, penetrándola, acariciándola y gruñendo en su cuello mientras su placer casi lo hace acabar a él también.

Una vez que la tormenta de placer pasó, Laura se dejó caer sobre él como si se le hubieran derretido los huesos, suspirando y contrayéndose involuntariamente de vez en cuanto bajo los dedos de Damián que aun seguían acariciándola en su interior.

Se los retiró al fin, y le pasó otra vez la palma por toda su zona genital, empapándola completamente, desde los risos íntimos hasta bien adentro en sus muslos.

Después de un momento le sacó la mano de su bombacha mojada, con cuidado de no tocar su vestido que estaba subido al rededor de su cintura, y tomando su barbilla entre el pulgar y el anular, le introdujo dos dedos en su boca mientras le besaba el cuello.

Laura los chupó, acariciándolos suavemente con su dulce lengua, todavía sin abrir los ojos.

Ok, suficiente, pensó. Le introdujo los dedos hasta el fondo un par de veces más y se los retiró de la boca sin poder evitar pasarle el pulgar por los sonrosados labios como si le estuviera limpiando el jugo de algún manjar.

Al notar que él se incorporaba Laura se despabiló un poco. -Mmm… -murmuró casi ronroneado. -Ha sido genial -le suspiró con una sonrisa que le hinchó el pecho a Damián. El pecho y otras cosas. -Pero me has dejado agotada… tendrás que esperar un poco.

Damián la abrazo sonriendo con ternura -Esperaré hasta después de la fiesta, pero tenemos que prepararnos.

-¿Qué fiesta? -murmuró Laura confusa.

-La fiesta Laura, el cumpleaños de… ¿De quién era?

-Marisa… Pero… -Ella se giró hacia él. -Es más que obvio que no vamos a ir. -le dijo más despierta.

Damián se levantó del sillón y se agachó sobre ella metiéndole las manos debajo del vestido. Le tomó los elásticos de la bombacha y se la sacó. Laura levantó las piernas, complaciente.

-Levántate, ponete otra ropa interior, ya dale, vamos, vamos -dijo él aplaudiendo dos veces mientras se dirigía a la habitación y comenzaba a desvestirse.

Ella todavía estaba con el ceño fruncido cuando él salió de la pieza totalmente vestido y listo para salir.

-Laura, si no te levantas ya mismo, te llevare a esa fiesta sin ropa interior, a mi no me molesta.

Laura estaba incrédula -¿Ahora sos vos el que me apura? ¿Estás loco? Te estuve insistiendo todo el maldito día, siempre me haces lo mismo, y ahora.. ¿Qué haces?

Damián la tomó en brazos y la puso de pie -Metete en el baño y arréglate, salimos en 1 minuto.

Cuando Laura iba a protestar le tomó el rostro entre las manos y le besó la boca con pasión -Quiero llevarte a esa maldita fiesta ¿Me dejas? -Le dijo una vez que dejó de besarla.

Ella se lo quedó mirando un momento, y luego asintió. -Está bien, ya… pero te has vuelto loco.

-Loco por vos. Dale, ya se pasó el minuto.

Pasaron cinco minutos más antes ella estuviera lista.

Mientras estaban en el auto de camino al bendito cumpleaños, Damián no podía dejar de pensar en las piernas de la mujer que estaba a su lado, enfundadas en medias de cancán, ni en cuanto la enfurecería si le echara a perder el adorable atuendo otra vez…

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