El héroe del barrio

Chi, chi–chi–chi, chi–chi–chi…

Cumbia de mierda, y la puta madre que los re mil pario. ¡Como se nota que no tienen que ir a laburar mañana eh!

Chi, chi–chi–chi, chi–chi–chi…

Me di vuelta, de cara a la pared, y cerré los ojos.

Chi, chi–chi–chi, chi–chi–chi…

Que hijo de puta… Debería llamar a la policía. Pero claro, el hijo de puta es amigo de los policías. Obvio, así funciona todo. Vivimos rodeados de hijos de puta, y otros hijos de puta fingen cuidarnos mientras tranzan con los otros hijos de puta.

Chi, chi–chi–chi, chi–chi–chi…

Habría que matarlo. Alguien debería matarlo. Yo vivo al frente, no me quiero imaginar lo que es para los que viven al lado. Ojala lo mataran. No creo que nadie se quejara. Podrían hacerlo pedazos en medio de la calle, y todos los vecinos nos sentaríamos en ronda a ver el espectáculo, si señor…

Chi, chi–chi–chi, chi–chi–chi…

Tragué saliva, y me recree por unos momentos en asesinar a mi vecino.

Camino hasta su casa, en calzoncillos así como estoy, y le aporreo la puerta.

–¡Apagá esa música!

No contesta el hijo de puta. Obvio que no. Eso estropearía mi fantasía.

–¡Apagá esa mierda!

Nada.

Bien, ahora le pego una patada a la puerta y la hago volar hasta la otra pared, al estilo Tarantino.

Chi, chi–chi–chi, chi–chi–chi…

El hijo de puta esta temblando ya.

–¿Para qué mierda pones la música tan alto eh? ¡¿Para que no escuchemos cómo nos roban?!

El tipo tiembla como un desgraciado. Maldito imbécil.

Estiro bien los brazos hacia atrás y le rompo la cabeza en mil pedazos con un bate de baseball.

Si… un bate de baseball. Siempre pensé que era una de las mejores maneras de matar a alguien.

Le golpeo en la cabeza, una y otra vez, los pedazos saltan por todos lados, y yo le sigo pegando al cuerpo inerte en el piso, hasta que su cabeza ha desaparecido en un charco de sangre y pedazos de piel y pelo.

Cero materia gris, como lo sospechaba.

Chi, chi–chi–chi, chi–chi–chi…

Su mujer grita histérica en un rincón.

Aunque me cuesta imaginarla gritando a esa… esa… “ameba”. Esa mujer tiene menos vida que un gusano.

–¡¿O ponen la música para cojer?!

–No, no… Perdón, perdón…

Ah mierda, qué patética… ni da para matarla a lo Tarantino.

Le pego un golpe rotundo en la cabeza y la ameba cae al piso, muerta en el acto.

Chi, chi–chi–chi, chi–chi–chi…

Tienen un hijo… ¡Mierda!

El hijo aparece de algún lado y mira los pedazos de su padre y a la ameba inconsciente en el piso. Le apunto con el bate de baseball chorreando sangre.

–¿Ves esto? –le señalo el cuerpo sin cabeza en el piso.

El niño asiente con los ojos bien abiertos.

–Eso es lo que pasa cuando pones cumbia a las 4 de la mañana ¿Entendido?

El niño no responde.

O responde que si…

“–Sí, señor”. Eso es.

–Y esto –cruzo la habitación y agarro el equipo de música que me robaron el año pasado –Es mío.

Me doy la vuelta y salgo de la casa, con el equipo bajo un brazo y el bate de baseball en el otro. Salpicado de sangre de pies a cabeza, con los calzoncillos a rallas y los pies descalzos…

Y sin la barriguita de cerveza, puro abdominal.

Los vecinos salen a ver quien ha sido el genio que ha logrado que el hijo de puta apagara la música. Todos me rodean y me dan palmaditas en la espalda.

“El héroe del barrio”.

Suspiré sonriendo.

La rubia de la esquina me mete un papelito en el calzoncillo. Su teléfono, obviamente.

La hago esperar unos días y luego la llamo. Y aquí esta ella ahora, en mi cama, comiéndome la verga con devoción.

Tragué saliva, mientras metía una mano bajo la sábana y la otra bajo mi nuca.

–Así… hasta el fondo… así…

Ya casi ni escucho esa cumbia de mierda.

Casi.

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Un comentario en “El héroe del barrio

  1. Tu relato me ocurre una vez al mes en mi barrio. La falta de respeto a los demás y el incivismo es cada día, una lacra más en Iberoamérica. No sé por qué consideras este relato como WTF! Esta bien, escrito con el hígado. No recuerdo si tengo un similar en mi blog, claro no con tantos vulgarismos como el tuyo, pero por allí van. El final, sí, es poco real. En mi caso, no creo haberlo intentado, porque la puta cumbia no me hubiera dejado. Además, que tengo oído de lobo y me es peor aún. Menos mal que escogiste un bate de beisbol como arma asesina, porque si era una escopeta, sería “Un día de furia argenta”. 😛 Yo hubiera sido más irónico y esquizofrénico con el hijo, algo como: “¡Cómo estás, querido! Papi y mami ya no van a joder al vecindario. Regresa a la cama y duerme con los angelitos. Beso de buenas noches o te arranco la cabeza. Buen chico. Andá!”

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