Poliamor – 5 – El punto perfecto

Después de ponerse el preservativo, le levantó las rodillas hasta flexionarle las piernas sobre sus pechos. Entonces apoyó la cabeza de su miembro en su húmeda vagina, y la penetro por completo.

Carolina gimió largamente, y contoneó las caderas para acomodarlo mejor dentro de ella a lo que Javier tuvo que tragar saliva.

Sosteniéndola por la parte posterior de las rodillas, comenzó a deslizase, lentamente, dentro y fuera de su cuerpo.

Sabía que a la mujer entre sus piernas no le gustaba que un macho la martillara frenéticamente como si se fuera a acabar el mundo y a pesar de que a veces tenía que apretar los dientes para contenerse, debía confesar que el orgasmo era mucho mejor a su manera.

Le apretó más las rodillas hasta hacerlas tocar el colchón y se metió hasta el fondo, con movimientos medidos.

Carolina gimió y le pasó la punta de los dedos contra su muslo en aprobación.

Se lamió los labios al ver y sentir como su pene resbalaba hacia dentro, donde estaba húmedo y caliente, y hacia afuera otra vez. Controlando sus movimientos, la penetró solo con la cabeza de su miembro, sintiendo como la entrada de su vagina le besaba y succionaba el glande.

Cuando se hundió hasta el fondo otra vez, momentos después, la vagina de Carolina palpitaba anhelante.

Se acostó sobre ella, sonriendo, y apoyó su peso sobre sus codos.

-¿Ya queres otro eh? -le susurró al oído mientras aceleraba el ritmo.

Ella solo hizo deliciosos sonidos en respuesta.

Sin dejar de penetrarla a ritmo constante, levanto la cabeza y le tomo la boca. Se la abrió y la invadió con su lengua, absorbiendo su sabor.

Sintiendo que podía acabar en cualquier momento, dejó de moverse del todo y se dedicó a besarla, moviendo las caderas solo lo suficiente para mantenerla excitada y sin sacar el miembro de su interior.

Ella lo envolvió con los brazos y le paso las uñas por la espalda.

Después de unos minutos le susurró que quería más.

-Aun falta mucho amor.

Se irguió y después de retirarle el pene con cuidado, lo tomó con su mano y se lo restregó desde el clítoris hasta el ano.

Carolina contrajo el vientre de anticipación y lo miro con ojos nublados. Le acarició el muslo con las uñas otra vez, expectante.

“Si, yo también quiero esto” pensó Javier, mientras seguía lubricando su entrada.

Finalmente apoyó el glande húmedo en su esfínter y comenzó a empujar lentamente hasta sentirlo encajado. Dejo caer una de las piernas femeninas hacia un lado, y levantó la otra lo más arriba que pudo mientras se recostaba sobre Carolina.

Entonces dejo caer su peso sobre ella, centímetro a centímetro.

Justo cuando Carolina comenzaba a gimotear, el ano cedió y su miembro se deslizó dentro de su culo.

Javier dejó caer la cabeza contra su cuello mientras contraía la mandíbula. Cerró los ojos y se quedo quieto intentando calmar la excitación desbordante. Ella parecía estar haciendo lo mismo, ya que estaba inmóvil como él.

Cuando pudo articular palabra, gruño contra su cuello:

-Estas apretada…

Gimió cuando ella se contrajo más sobre su miembro ante su comentario. Estaba tan excitada como él.

Comenzó a moverse con lentos empujes, respirando profundamente, hasta que la penetración se hizo más fácil. Los gemidos de Carolina casi lo excitaban más que las mismas sensaciones.

Al fin sintió que el cuerpo femenino se distendía lo suficiente como para permitirle un ritmo constante y profundo.

Tomó la pierna derecha de Carolina y se la flexionó hacia el otro lado, poniendo sus caderas de costado. Arrodillado entre sus piernas, le sujetó esa pierna cruzada contra el colchón mientras la tenía agarrada por la cintura con la otra mano.

De esta manera la penetro a conciencia, profundamente.

Este. Este era el ritmo de Carolina. Constante, sensual, erótico. Como un masaje. Como hundir tus dedos en una masa blanda. Era el punto perfecto entre el sexo y el amor.

Le acarició los pechos y le masajeó la nuca, sin dejar de hundirse en su cuerpo. Ella gemía largos “Mmmm´s” mientras su cuerpo se movía hacia arriba y hacia abajo a causa de sus empujes. Sus ojos se abrían y cerraban, entre largos pestañeos adormilados.

Todavía recordaba su plan original, aunque de a momentos no recordaba ni quien era ni donde estaba.

“Estoy en Carolina, eso es todo lo que se”

Y hubiera querido quedarse ahí para siempre, pero llegó un momento en el que decidió que se estaban excediendo. ¿Hace cuanto estaban…?

Le apoyó la mano en el cuello y la acarició con el pulgar

-Hay que acabar…

-No… no pares… no pares…

En contra de sí mismo, le sujeto suavemente la mandíbula mientras aceleraba el ritmo, hundiéndose en ella completamente.

-Así, así, no pares…

Se dejo caer sobre los codos otra vez y le metió los dedos en la boca, mientras jadeaba contra su cuello. Unos segundos después sintió como Carolina se tensaba y dejaba de succionarle los dedos.

Estaba llegando al orgasmo.

Con el corazón martillando, se arrodillo entre sus piernas abiertas, y sujetándola por el vientre, le metió tres dedos en la vagina, mientras la penetraba analmente al mismo tiempo.

Carolina quiso alzar las caderas, pero él la sujetó firmemente y no soltó la presión mientras ella se retorcía violentamente, arqueando la espalda una y otra vez.

Inmediatamente su propio orgasmo se desató, mezclándose con el de ella. Le hundió el pene junto con los dedos, una y otra vez hasta que finalmente la embistió con un último empuje, sacudiéndose de placer. Tragando saliva, se dejo caer sobre ella, metiendo un brazo bajo su espalda para abrazarla, y dejando la otra mano en su interior.

Al no poder retirar los dedos, la masajeó por dentro, alargando su clímax lo más posible.

Ella lo abrazo por el cuello estremeciéndose cada vez que el movía los dedos o pasaba el pulgar sobre su clítoris.

“Si, definitivamente un clímax memorable” pensó, entre palpitaciones y estremecimientos. “Y Solo por no estar con ella por dos semanas”.

“¿Es por eso realmente?” Le susurró una vocecita. “¿O es por el alivio…? ¿El alivio de saberla tuya otra vez?”

Cerró los ojos y la mente antes tales teorías idiotas.

Cuando se pudo mover, irguió la cabeza un poco y reclamó su boca, mientras le masajeaba la nuca dulcemente. Ella sonreía bajo sus labios, y suspiraba extasiada.

“¿Ya ves?” quiso decirle “No necesitas dos en la cama amor. Conmigo te alcanza y te sobra”.

Se lo hubiera dicho en voz alta, pero aun en el estado semi inconsciente en el que se encontraba, sabía que Carolina no reaccionaria muy bien ante ese comentario.

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