Capitalismo 4 – Candy Crush

–Te llaman otra vez.

Ezequiel levantó la vista hacia su compañero de trabajo. Sabía exactamente a quien se refería, pero aun así preguntó:

–¿Quién?

–Marco ¿Quién más va a ser? –Leandro se reía como si hubiera dicho un chiste.

Con el ceño arrugado Ezequiel se puso de pie y se dirigió a la oficina de su jefe.

Se sorprendió, debatido entre los nervios y el alivio, cuando al cruzar la puerta se encontró con un grupo de hombres trajeados y de corbatas, sentados alrededor de la mesa de conferencias.

Marco le hizo un gesto sutil con la mano para que se acercara, y así lo hizo él, solícito.

–Trae 24 fotocopias del reporte de ventas, con los índices actualizados, no los del mes pasado.

–Las cifras aún no entraron.

Su jefe se le quedó mirando como si hubiera dicho la cosa más estúpida. Su reprobación pareció recorrer toda la habitación, silenciándola.

Cuento habló otra vez su voz despectiva se escuchó en toda la habitación:

–Trae un estimado, seguramente podes hacer eso.

–¿Algo más? –preguntó Ezequiel sin gesto.

–No.

Se dio la vuelta y se retiró de la habitación.

Caminó sin detenerse hasta su cubículo y se dejo caer sobre la silla. Apretó los ojos con fuerza y se pasó la mano por la nuca, aflojándo los músculos.

–Suertudo –murmuraron a su espalda.

Enderezó la espalda automáticamente mientras giraba la silla hacia atrás y adoptaba un rostro inexpresivo. Leandro, su compañero, mordisqueaba su lapicera mientras fingía estar trabajando.

–¿Qué?

–Nada, “consentido”.

Se puso en tensión.

–¿Por qué lo decís?

–¿Te pide café o algo por el estilo? –Preguntó el otro, en tono confidente.

–No sé de qué me hablas.

–Claaro. Yo solo lo veo los viernes cuando hay que entregar los balances. ¿Vos cuánto? ¿Dos… tres veces por día?

Ezequiel lo miró juntando las cejas como si hablara en chino y se giró otra vez hacia su escritorio.

–No te pongas así, che… –escuchó que decía Leandro en tono conciliador, lo que le resultó de lo más irritante –Es solo envidia… de todos modos nunca creí que fuera a quedar, así que…

–¿De qué estás hablando? –Se giró hacia hacia él otra vez.

–Siempre hace lo mismo el tipo este… Marco. Elige a algún empleado para martirizar, pero después… ese es el que termina contratando.

Ezequiel se puso alerta al escuchar esto.

–¿Cómo sabes? –le preguntó con tono escéptico, pues Leandro llevaba en la empresa lo mismo que él.

–Mi tío me lo dijo… él trabaja acá hace años. El año pasado lo hizo con aquel –le señaló a un chico de su edad, más o menos, rubio y alto –y fijate ahora.

Tragó saliva y apretó la lapicera entre sus dedos, pero no hizo ningún gesto.

–Tal vez quedas vos –comentó indiferente.

El otro se rió.

–¿Por qué no?

–Bastante que conseguí la pasantía. Bueno… ni eso. Mi tío… –parecía un poco avergonzado al decir esto –Él me ayudó a entrar. Vos la tuviste por tus notas, sos un bocho, todos lo saben. Yo tuve suerte.

“Nepotismo, querrás decir”

–Ya, deja de exagerar.

–No exagero, se que por mis medios no hubiera conseguido entrar, pero no me importa… lo importante es la experiencia. Tener esta referencia en el currículum… es impagable. Ya con eso seguro consigo laburo en otro lado.

“Seguro que sí”, pensó Ezequiel. Así funcionaba el mundo. Leandro era la clase de idiota que conseguía todo lo que se proponía.

El otro se quedo en silencio como esperando que Ezequiel le compartiera algún pensamiento, algún comentario, pero este no colaboró.

–En fin… para mí vas a quedar vos.

A pesar de todo, Ezequiel no pudo evitar sentir un cosquilleo en su ego ante la idea.

–Bueno, vos o el imputable… –agregó Leandro de pronto, riendo de nuevo.

–¿El imputable?

–Jaja así le decimos a Federico. ¿Es que no prestas atención?

Él se alzó de hombros, como si no le importara. Tenía su propia manera de etiquetar a sus compañeros. Federico era… competente. Y competitivo.

–En fin, –empezó a explicar Leandro, obviando su aparente falta de interés –le decimos así porque el pibe es una maquina. Hace todo al pie de la letra. Calculo que si le dicen que se tire por la ventana, el pibe va y lo hace. Si le piden que haga algo 5 veces, lo hace.

–¿Por eso le dicen así? –no le encontraba mucho sentido.

–Jaja si… porque si le dicen que cometa un asesinato o algo así, yo creo que Federico ni duda. Casi que no se le podría echar la culpa. Es una maquina… –Repitió riendo. De pronto dejó de reír y miró al piso pensativo y luego a Federico.

–¿Qué? –preguntó Ezequiel, ya sin fingir desinterés.

El otro se alzó de hombros y comentó como si nada mientras se giraba hacia su escritorio:

–A él también lo llama seguido ahora que lo pienso.

Ezequiel se quedó inmóvil un momento, y luego giró su silla también hacia su escritorio. A pesar de sus intentos, no pudo evitar que sus ojos se desviaran hacia Federico, especulando…

***

Había tenido un día tremendo.

Haciendo piruetas, yendo de acá para allá buscando unas cifras que “oh, sorpresa” ya las tenían cuando al fin las había conseguido y fotocopiado.

“¿Quién mierda se cree que soy, su maldita secretaria?” Masculló mientras salía del ascensor, rumbo a su apartamento.

Escuchó las voces femeninas incluso antes de meter la llave en la cerradura.

Se quedo por un momento inmóvil, con la llave en la mano, considerando seriamente el darse la vuelta e irse a otro lugar.

No. Era su departamento después de todo.

Golpeó el puño contra la puerta, conteniéndose para no delatar su frustración e impaciencia. La puerta se abrió y Victoria lo hizo pasar después de rosar fugazmente sus labios con los suyos e ignorar la mirada significativa de Ezequiel.

Tal vez ni notó su mirada, pensó resignado mientras ingresaba en el departamento. Era difícil saber si su novia era… o se hacía. A veces incluso le asombraba lo manipuladora que podía ser en su superficialidad.

Como era costumbre, su presencia enmudeció totalmente a las amigas de su novia, llenando el ambiente de eléctrica incomodidad.

Dios… él quería descansar, y ahora tenía que aguantar a un montón de atolondradas jovencitas que lo miraban como si fuera algo del otro mundo.

Modestias aparte, sabía que no estaba mal físicamente, pero había que tomar en cuenta el exceso de estrógeno acumulado por cuatro mujeres solas durante demasiado tiempo.

Lo mismo pasaba cuando una mujer invadía un lugar atestado de hombres…

“¿Invadir?” Se preguntó disgustado. ¡Era su departamento! Al menos la mitad de el… bien se merecía un poco de paz y silencio. ¿Era mucho pedir?

Estaba en el pasillo, con el traje y corbata y el maletín en la mano decidiendo donde carajo se podía sentar cuando Victoria le dijo en tono alegre –Amor, pone el agua, así tomamos unos matecitos.

Aspiró profundo por la nariz, intentando mantener su expresión impasible y se adentro al fin en el living. El “living/comedor/dormitorio” mejor dicho, separado de la “cocina” solo por una delgada mesada.

La cama, desplegable, estaba ocupada por dos de las chicas. La que estaba en su camino se levantó como un conejito asustado y le dejó el espacio para poner su maletín.

La otra chica en cambio ni se inmutó por su cercanía. No al menos de la misma manera que la otra. Con su vista periférica notó que no le sacaba los ojos de encima mientras se desvestía la chaqueta y la corbata y las colgaba en un pequeño armario al lado de la cama.

¿Es que Victoria no se daba cuanta? Su supuesta amiga no era muy disimulada que digamos… Entre su descaro, y la exasperante timidez de las demás, la tarde se perfilaba como una pesadilla.

Terminó de poner la chaqueta en la percha y la colgó en el ropero. Rodeó la mesa donde estaba sentada Victoria y otra de sus amigas y se dirigió a la cocina. Solo el parloteó del televisor cortaba un poco al ambiente tenso del lugar. Él aun no había dicho ni una palabra desde su llegada y sinceramente… no le importaba seguir así. Apenas si había saludado a las presentes con un asentimiento de la cabeza a su llegada.

Mientras sostenía la pava bajo la canilla, de espaldas al comedor, cerró los ojos un momento intentando pensar qué podía hacer hasta que se marcharan. El agua comenzó a rebalsar por la tapa de la pava antes de que se le ocurriera algo. Se enderezó, le quitó el excedente de agua y la puso al fuego. Luego se dirigió al baño.

Se miró en el espejó, sacudiendo la cabeza. Solo su reflejo vería ese gesto de impotencia y frustración. Se sentó sobre la tapa del inodoro y se apoyó las palmas contra los ojos. Un murmullo de voces llegó hasta sus oídos y lo invadió el repentino impulso de llevarse los dedos a la boca. Despegó una de sus manos de su cara y se contempló las uñas. No se las mordía desde el secundario…

Tragando saliva, apretó el puño con fuerza y luego distendió los dedos. Repitió el movimiento un par de veces, tratando de sacarse la sensación tentadora de la punta de los dedos.

“¿Así que esta es la razón por la que la gente fuma?” Pensó divertido. Realmente tenía ganas de meterse algo en la boca, y succionar con fuerza.

“Al menos si fumara tendría una excusa para salir afuera a tomar aire…”

Se pasó una mano por el pelo, pensando… Quedaría muy obvio si apenas llegar, decía que se tenía que ir otra vez. Suspiró el aire lentamente después de contenerlo por unos segundos y se volvió a cubrir los ojos.

Por un momento se sintió exhausto. La pasantía en la empresa y estudiar en la facultad al mismo tiempo no le dejaba tiempo para nada.

Su jefe era todo un tema aparte, sobre el que ni siquiera quería pensar, y luego llegar al departamento para encontrarse con esto…

Se permitió diez segundos de manifiesta frustración. Después de eso enderezó los hombros y se sacudió la autocompasión encima.

Suficiente, se dijo. Había dos opciones y considerando que no se iba a ir, no había más en que pensar. Las cosas son como son, y de nada sirve quejarse. Se puso de pie, se enjuagó las manos y salió del baño.

Haría lo que siempre hacía… Pasó por delante de las mujeres que invadían actualmente su seudo hogar, se sentó frente a la computadora y después de ingresar a facebook se dispuso a superar unos cuantos niveles más de Candy Crush.

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2 comentarios en “Capitalismo 4 – Candy Crush

  1. Cuanto espere porque saliera otro capitulo de está historia y por fin, me encanta. Los compañeros de ezequiel le dan a entender que es el favorito del jefe y es chistoso el porque.

    espero que no tardes mucho en actualizar, me llama mucho la atención que e s lo que pasara con ellos.

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