Capitalismo 5 – Expectación

–Un momento Ezequiel.

Se congeló con la mano en el picaporte. Cuando se dio la vuelta Marco estaba recostado contra el respaldo de su silla, mirándolo.

–Acercate.

Aspiró profundamente por la nariz mientras se le hacia un nudo en la garganta. Esta era la tercera vez en dos semanas y no se le estaba haciendo más fácil…

–Acercate, no me gusta repetirme.

Como cada vez, consideró sus opciones en un microsegundo, y una vez más llegó a la conclusión de que no estaba dispuesto a perder el trabajo.

Tenso, caminó hasta el borde del escritorio y se detuvo mirando el ventanal.

–Ponete en posición.

“En posición…”

Miró a su jefe fugazmente, echando chispas por los ojos, y a este solo pareció divertirle. Se recostó más en la silla y lo miró expectante.

Apretando los labios, Ezequiel rodeó el escritorio y se puso de espaldas al ventanal. No hizo nada más.

–Mientras más tardes en seguir mis instrucciones, más tiempo te vas a pasar en mi oficina… –comentó su jefe con tono lógico –¿Te gustaría que aparecieran murmuraciones sobre el serio y eficiente Ezequiel…?

Cerró los ojos con fuerza y permaneció tercamente inmóvil.

Unos segundos después Marco se puso de pie bruscamente y se acercó a él. Ezequiel tuvo que contenerse para no darse la vuelta y enfrentarlo. Enfrentarlo o salir corriendo de la habitación.

Sintió la mano grande y dura de su jefe en su nuca, sujetándolo firmemente mientras le agarraba la muñeca con la otra mano. Apretando lo suficiente le obligó a apoyar la palma contra la lustrosa superficie del escritorio. Cuando vio que le iba a agarrar la otra muñeca, la dejo caer sobre el escritorio también, impotente.

Su jefe le dio un pequeño apretón de aprobación en el cuello antes de soltarlo y comenzó a removerse detrás de él. Sacándose el reloj, supuso Ezequiel y así era. Marco apoyó el reloj de pulsera frente a él.

–¿Qué hora es…?

–Las 8:44 –una vez más lo alivió el hecho de que su voz sonara completamente normal.

Su jefe se quedó detrás de él, no muy lejos de su espalda. Podía sentir su mirada en su cuerpo. Trato de relajarse mientras esperaba al primer contacto. El primer roce de su palma contra su espalda, o tal vez sobre sus hombros. Quizá le apretara el cuello otra vez, sujetándole la nuca como lo hizo un momento antes…

Tragó saliva mientras su mente seguía intentado anticiparse a lo que ocurriría. Anticiparse a una mano que podría envolverlo desde detrás y comenzar a desabotonarle la camisa de arriba hacia abajo, como el martes pasado… O tal vez comenzaría de abajo hacia arriba, como el jueves anterior…

Tal vez iría directo a sus pantalones, sería la primera vez…

Cerró los ojos un momento y se hizo consciente de como todo su cuerpo estaba vibrando de expectación. Sacudió levemente los hombros y extendió más los dedos sobre la mesa. Solo el estar en esta posición, inclinado sobre el escritorio, era una tortura.

Cuando abrió los ojos enfocó la vista en el reloj. 8:46… No… y 47.

“¿Es que no va a hacer nada?”

Solo faltaban 2 minutos. Marco seguía detrás de él, lo percibía. Su mirada le pesaba en la piel casi como si lo estuviera tocando realmente, aunque esa sensación se desvanecería al ser tocado de verdad. Eso haría desaparecer todo…

8:48.

Casi sintió alivio cuando hubo un movimiento a su espalda. Marco lo rodeó y cuando pensó que se le iba a acercar finalmente, este se alejó y se sentó en su silla giratoria.

Ezequiel juntó las cejas, confundido. No pudo evitar girar el rostro lo menos posible, para echarle un disimulado vistazo.

–¿Te dije que te podías mover?

Volvió su mirada al frente automáticamente y aspiró por la nariz otra vez, tratando de no hinchar el pecho visiblemente. Le llegó el sonido de papeles, y luego de dedos tecleando en una computadora y la humillación fue creciendo exponencialmente a cada segundo que pasaba.

La voz de una mujer lo sobresaltó tanto que se enderezó, separando las manos del escritorio.

–Señor Alexiou, la cita de las 9 ha llegado.

Tragó el nudo en su garganta, sintiendo como la sangre le teñía el rostro ante la idea de que alguien fuera testigo de lo que estaba haciendo.

Marco lo miró con ojos casi amenazantes, y no dejo de mirarlo hasta que se volvió a inclinar y volvió a apoyar las palmas sudorosas contra la madera del escritorio.

Con un golpe de sudor cubriéndole la piel observó con su vista periférica como su jefe presionaba el interruptor del teléfono:

–Gracias, hazlo pasar.

“¡¿hacerlo pasar?!”

Como si le leyera los pensamientos, Marco comentó con voz seca mientras se ponía de pie:

–Enderazate y quedate quieto –Recogió su reloj y se lo prendió en la muñeca con movimientos hábiles –No abras la boca y… –Se miró el reloj –Contá hasta 20.

La puerta se abrió y un hombre de apariencia oriental entró en la oficina. Marco pasó por detrás de él y fue a su encuentro con una amplia sonrisa.

El golpeteo de su sangre contra sus tímpanos apenas le permitió escuchar cómo se saludaban en otro idioma. El hombre de estatura baja y ojos risueños hizo un asentimiento en su dirección pero pronto su atención estaba siendo monopolizada por su jefe.

Marco lo guió hasta un rincón de la oficina donde había un grupo de sillones rodeando una mesa de café, dejando a Ezequiel solo al lado de su escritorio como si no existiera.

Este apretó los dientes y comenzó a contar. 1… 2… 3…

Mientras contaba una parte de su cerebro pensaba en lo que debía hacer, en lo que estaba haciendo, en lo que quería hacer… y en lo que no haría.

Cuando llegó a 20 ya no estaba seguro de nada. ¿Había contado demasiado rápido..? ¿Demasiado lento…? ¿Debía irse ahora?

Marco solo le había dicho que contara. Recordó la mirada que le había dirigido cuando despegó las manos de la mesa sin querer, sobresaltado por la voz de su secretaria.

El murmullo de voces conversando llenaba la habitación haciéndolo sentir como si fuera un mueble más… como si fuera uno de esos palos donde se cuelgan los abrigos.

Tragando saliva contó hasta 10 otra vez, entonces movió sus hombros, solo un poco, para sacarse algo de la tensión.

Las voces seguían como si nada. Giró el rostro sutilmente hacia el rincón de la oficina. El hombre oriental le daba la espalda, y su jefe solo mostraba el perfil mientras hablaba con voz clara y grave en lo que parecía un japonés fluido. No pudo evitar sentirse impresionado por esto. No era su jefe por nada, no…

Dio un paso vacilante hacia el costado, atento al más mínimo cambio en el ambiente. Nada. La conversación seguía su curso. Suspiró lentamente y decidió abandonar la oficina.

“¿Y la plata?” pensó de repente, clavándose en el piso. Casi se ríe en voz alta por la frustración y la ironía. Toda la semana había estado pensando en la manera de decirle que se metiera la plata en el culo. Que no lo hacía por la plata, que lo hacía por el trabajo. ¡Y ahora! El hijo de puta lo había humillado y ni siquiera le estaba dando la posibilidad de negarle el dinero… De tirarle en la cara esos patéticos 50 pesos que lo habían estado carcomiendo durante semanas.

“¿Es porque no me tocó…?” Se preguntó en una ráfaga de pensamientos frenéticos “¿Se piensa que tenerme ahí parado como un maldito maniquí no es suficientemente degradante? ¿Se cree que me gusta? ¡Maldito homosexual reprimido…!”

“¿Es porque no puede…? ¿Es porque esta sinceramente ocupado…? ¿Es otra jodida manipulación…”

–Ezequiel.

La voz imponente cortó satisfactoriamente sus pensamientos. Se giró despacio, invadido por un inexplicable sentimiento de culpa, como si fuera un niño al que hubieran pillado escabulléndose a escondidas.

Marco lo miró con un gesto casi amable y luego levantó dos dedos en el aire en señal de V.

–Dos cafés.

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6 comentarios en “Capitalismo 5 – Expectación

  1. Pobre ezequiel su jefe juega con el de una forma extraña. Primero lo quiere dispuesto a el y luego lo ignora muero por saber por que actúa asi. También ezequiel es una caja de emociones pues se siente humillado pero a la vez siente cosas al saberse tocado por su jefe. estoy muy intrigada, esperare ansiosa el siguiente capitulo. Gracias.

  2. Te ha quedado espectacular, como todos los otros capis. Me encanta el manejo de la tensión… y de la historia en sí para qué hablar! Me sumo a la lista de los q esperan ansiosos (miento, soy su presidenta!) 😉

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