Capitalismo 7 – ¿No…?

–No

–¿No qué?

–No quiero dinero.

Marco sonrió sin separar los labios.

–Todos quieren dinero.

–Quiero decir… No lo hago por la plata –Aclaró Ezequiel. –

Su jefe alzó las cejas, esperando alguna continuación.

»Lo hago por el trabajo.

–¿Por tu trabajo? –Su tono sonaba a burla.

–Quiero decir… –Volvió a repetir Ezequiel, sintiéndose cada vez más nervioso –Este dinero no significa nada para mí. Lo que me interesa..

–Ya entendí… –dijo Marco riendo abiertamente. Cuando acabó continuó –Y explicame, Ezequiel… ¿Qué es el trabajo?

Su empleado lo miró confuso, trastocado ligeramente porque lo llamara por su nombre.

»¿Te gusta tanto, acaso, estar sentado todo el día haciendo cuentas… que lo harías sin cobrar? Decime por favor, a ver si te estoy pagando por algo que harías gratis…

–Yo…

–¿Lo harías gratis?

–No…

–¿Entonces…? ¿De qué estamos hablando?

Ya no tenía idea de lo que hablaban.

–Vamos, me entretienes… Explicame cuál es la diferencia entre estos 50 pesos y tu trabajo.

Ezequiel tragó saliva, y giro el rostro hacia la pared, intentado dilucidar una respuesta inteligente.

–Lo… lo que quiero decir… –empezó una vez más –Es que yo no haría… esto… por esa plata.

–O sea que lo harías por “mas” plata. ¿De eso se trata? ¿No te pago suficiente?

–No… –apretó los puños con frustración. –No me interesa la plata. No lo hago por…

–Te estás repitiendo, yo quiero que me expliques la diferencia entre esto –le señaló el billete que descansaba sobre el escritorio con el dedo medio –y tu trabajo.

–Mi trabajo… mi sueldo… me lo gano con mi trabajo.

–Esto también te lo ganas.

Ezequiel reprimió las ganas de descargar un golpe contra la puerta. Los segundos fueron pasando sin que su cerebro lograra producir ninguna frase. Sabía que cuando saliera de esa oficina tendría hasta el último músculo del cuerpo contracturado.

–Está bien, está bien… –Dijo al fin su jefe con condescendencia, como si le pudiera leer la mente –Esta vez te lo dejare pasar e incluso… te explicaré yo la diferencia. –Tomó el billete entre sus dedos y lo estiró bien. Luego le sonrió ampliamente, mostrándole los dientes. –No hay ninguna diferencia. Ninguna en absoluto. Esto es plata, y tu trabajo es plata. Estas haciendo esto por plata, y eso es justamente lo que te pago.

»Es más, la única diferencia entre este dinero y el que te pago a fin de mes, es que por esto te estoy dando 600 pesos la hora, mientras que por lo otro te pago, cuanto…? ¿90, 100 la hora?

»¿Es ese el problema? ¿Queres MENOS dinero?

Ezequiel lo fulminó con la mirada.

–No es eso. Dejá… –Tragó saliva y giró el rostro otra vez. “Deja de hacerte el idiota” quiso gritarle. “¡Maldito homosexual reprimido!”

–Terminá la frase.

Su empleado clavó la mirada en el piso.

–¿No…? –El tono de Marco contenía una amenaza. Su silla hizo un leve crujido cuando se puso de pie.

Ezequiel observó a Marco acercándose, como si cada paso fuese una cuenta regresiva hacia algo. Probablemente su colapso nervioso. Se detuvo a pocos centímetros de él. Percibía su mirada sobre su perfil y sobre su cuerpo, pero más que nada sentía su presencia, y una especie de tensión eléctrica comenzó a acumularse…

Y entonces su jefe comenzó a desabotonarle la camisa.

Se sacudió y dio un traspié hacía atrás pero su espalda chocó contra algo duro. Marco lo inmovilizó contra la pared sujetándolo por los hombros y le hundió levemente los pulgares bajo las clavículas, solo lo suficiente para hacerle entender que era más fuerte que él.

–¿Tenes problemas económicos…? ¿Es eso?–le preguntó en tono suave, acercando el rostro al suyo.  –¿Necesitas más dinero?

Lo tenía acorralado contra la pared y su tono de voz, casi paternal lo hizo sentirse extraño.

–No –Se aclaró la garganta y repitió –No…

–¿Seguro…?

–Si –Quiso sonar mordaz, pero en cambio sonó como un niño de 9 años al que su padre esta reprendiendo, y no era la primera vez que lo hacía sentir así.

Marco se pasó la lengua por el labio inferior y tragó con fuerza antes de soltarlo.

Unos tensos segundos después, Ezequiel sintió como le metía algo en el bolsillo y esta vez lo aceptó con impotencia. Solo quería salir de esa maldita oficina. Finalmente su jefe se alejó de él, liberándolo.

Ezequiel esperó a que Marco se sentara para darse la vuelta y dirigirse hacia la puerta. No llegó a cruzarla que su voz imponente lo hizo detenerse de golpe. Incapaz de girarse y enfrentarlo, se quedó inmóvil, expectante.

–Ezequiel… la próxima vez que me niegues algo espero que tengas alguna respuesta más elaborada. Porque me aburro rápido.

***

–Deberías haber visto su cara.

Marco rompió en carcajadas roncas recordando la expresión de furia contenida e impotencia de Ezequiel –Podría jurar que estuvo a punto de golpearme…

–Ojala lo hubiera visto.

–…O al menos de intentarlo…

Silvia le metió las manos debajo de la chaqueta y empezó a mordisquearle la oreja. Marcó acabó de reír con un suspiro.

–Estoy un poco celosa, te confieso.

Él torció su rostro hacia atrás para poder verla. –¿Celosa? –Repitió con incredulidad –Si no te puso celosa aquella pelirroja de la otra vez, no veo porque…

–Puff –Silvia hizo un además despectivo con su delicada mano –Te dije que esa chica iba a ser un desastre en la cama. ¿No tuve razón acaso?

–Toda la razón… –Asintió él –Ese fue un plato que no pienso repetir…

–Pero este chico… Es diferente.

–¿En qué sentido?

–Hace tiempo no te escuchaba reír así…

Marco volvió el rostro al frente mientras pensaba. –Me divierte, eso es todo.

–Te gusta torturarlo –dijo ella riendo. –Como un gato jugando con un pobre ratoncito…

Marco la agarró del brazo y tiró de ella hasta sentarla en su regazo. Le envolvió la cintura con un brazo antes de hablar.

–Es más complejo que eso. Quiero…

–¿Qué queres? –Ronroneó ella mientras le pasaba la punta de las uñas por el cuello.

–Quiero… Quebrarlo. Quiero verlo como realmente es… quiero que pierda la compostura. Quiero…

–¿Azotarlo?

–Ufff –Marco dejó caer la cabeza en el respaldo del sillón –Definitivamente. Pero aún no hemos llegado a eso, todavía no está listo…

–No creas que no he notado que llegas a casa más… cargado que de costumbre… –Le hundió la mano entre las piernas y le sujetó con fuerza los testículos. Marco dio un respingó y tragó con fuerza.

–¿Te excita?

El dejó caer la cabeza hacia atrás otra vez.

–Sí.

Silvia comenzó a amasarle suavemente la entrepierna a través del pantalón.

–Mmm…

–¿Te parece… atractivo…?

–Si. Lo–mmm…. Lo es.

–¿Cómo es?

–Es… atractivo… acicalado… correcto…

–¿Te gustaría ensuciarlo…? –le susurró mientras le apoyaba la lengua en el vello pectoral.

–Si…

Le aflojó el cinturón y le abrió la cremallera.

–¿Cómo…? ¿Cómo lo ves?

Marco se removió levemente y cerró los ojos cuando ella metió la mano dentro de su pantalón para masturbarlo mejor.

–Lo veo… Ahmmm… Lo veo… Atado en una cama… boca a bajo…

–¿En nuestra cama?

–Si –Respondió sin pensar. Antes de que pudiera pensar en lo que podía significar eso, Silvia continuó:

–¿Se resiste?

–Si… pero no puede hacer nada. Final–mmm… Finalmente… se rinde.

–¿Lo penetras?

–No.

–¿No?

Su mano se detuvo por un segundo, antes de retomar sus caricias.

–Aún no… Solo… lo miro.

–¿Te gusta ver su humillación?

–Sí.

–¿Te excita?

–Si…

Silvia le terminó de abrir la camisa y la conversación se detuvo mientras besaba, chupaba y mordisqueaba el camino hasta su pene. Cuando llegó le sacó el miembro del pantalón y le pasó la lengua húmeda por la punta.

–¿Te la chupa?

Marco juntó las cejas sin abrir los ojos.

–No.

Ella alzó la cabeza –¿Cómo que no?

–Simplemente no lo puedo ver haciéndolo… –Respondió con una sonrisa.

–Mmm… –Silvia le soltó el miembro y se puso de pie. Él abrió los ojos y la miró confuso.

–¿Qué pasa?

–Quiero ir a la habitación.

–¿Que tiene de malo el sillón? –Extendió los brazos a cada lado y acarició la suave superficie para enfatizar su punto.

–Pues, para empezar, que es complicado atar a alguien a un sillón.

Marcó rió con ganas, y la miró con ojos brillantes.

–¿Queres castigarme eh…? Está bien, donde quieras… –Se puso de pie, con el pene duro como piedra apuntando hacia ella.

Silvia le pasó los brazos por la nuca y lo besó una vez en los labios.

–No. Quiero que me lleves a la habitación, me ates boca abajo en la cama y me la metas hasta el fondo.

Marco y su pene dieron un salto.

–¿Por qué…? –la miró con un gesto contrariado.

Ella se alzó de hombros.

–Quiero cambiar de roles por hoy… Y quiero hacerte un regalo –agregó con una sonrisa. Lo agarró de la mano y tiró de él hacia las escaleras.

Mientras la seguía, caminando con dificultad gracias a sus pantalones a medio bajar, Marco intentaba dilucidar sus motivaciones. Aun después de tantos años, su mujer lo seguía sorprendiendo.

Cuando llegaron a la habitación se dio por vencido. El latido frenético de su corazón y el latido pesado y caliente de su pene habían dado su veredicto. Silvia era el único enigma que disfrutaba dejando sin resolver.

Ya frente a la cama, la tomó por la cintura y la sujetó contra su cuerpo en un apretado abrazo. Le aferró la cabellera rubia con la mano y le tiró la cabeza hacia atrás para besarla casi con desesperación. Estaba terriblemente excitado. Mientras la besaba le subió el vestido por los muslos, lo suficiente para llegar hasta su sexo. La abrió con delicadeza y le metió la punta de sus dedos, que resbalaron hacia su interior gracias a la humedad que delataba su excitación.

Gruñendo la apretó más contra sí y suspiró aire caliente contra su mejilla.

–Te amo –le susurró antes de volver a besarla.

Sosteniéndola por la cintura, la cojió con los dedos a ritmo constante y profundo, atento a sus gemidos y a la fuerza con la que le clavaba las uñas en la espalda.

Finalmente la sintió lo suficientemente caliente y palpitante. Le retiró la mano de su sexo y con la mirada fija en ella se metió los dedos en la boca.

–Mmm…

Silvia tragó saliva con ojos brillantes y pupilas dilatadas.

Con una sonrisa en los labios, Marco la soltó despacio, asegurándose de que recobraba el equilibrio y la terminó de desvestir. Luego fue hacia la cómoda y sacó algo de un cajón.

Eran unas esposas de metal recubiertas de felpa negra, y un bozal. Uno de esos que mantienen la boca abierta y llena.

Silvia le apoyó una mano en el hombro para detenerlo –Espera, te quiero pedir algo…

El levantó las cejas, interrogante.

–Quiero conocerlo.

Por un segundo no supo a quien se refería.

–¿A Ezequiel?

–Si

Marco la contempló durante unos segundos en silencio y entonces sus labios se curvaron lentamente en una sonrisa. Le metió la pelota de goma en la boca, y la hizo girarse para atarle la hebilla del bozal en la nuca. La abrazó por detrás y le plantó un beso en el cuello antes de soltarla.

–Está bien. Ahora acostate boca abajo, y separa bien las piernas.

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6 comentarios en “Capitalismo 7 – ¿No…?

  1. En la forma, ya sabes mi opinión. Vamos al fondo: Primero, se agradece que no adiciones fotos tuyas o de otros, en pelotas. Ya hay varias blogueras que no pueden reprimir su exhibicionismo y “adornan” sus relatos con algún SexSelfie o foto macro de sus tetas o culos. Son bataclanas reprimidas, ¡Qué le vamos a hacer! En tu caso, no es necesario, ya que el relato es lo suficientemente erótico. Segundo, no estoy seguro si un acoso homosexual sería de la forma como lo describes. Más parece sólo la imaginación de una chica, de cómo un hombre dominante seduciría a otro sumiso. Y es que si se le cambia el género al relato, perfectamente podría ser un acoso hetero. Tercero, las mujeres hetero suelen ser más certeras en detectar cuando un chico es gay y jamás se le insinuarían. Al contrario, lo tomarían como su “amiga”. Porque digan lo que digan, instintivamente la mujer hetero al excitar a un hombre busca un falo erecto y con un gay, eso no va a pasar. Ahora, lo que propones es una chica dominatrix que busca un gay reprimido para sodomizarlo. Pues, no sé. Normalmente las dominatrix buscan hombres hetero, pero no para volverlos gays, sino para volverlos adictos al sexo y totalmente sumisos sexualmente. No comparto esa mentalidad, ni me gusta el BDSM, pero creo que los tiros van por allí. Cuarto, no tengas miedo en usar las palabras apropiadas: VERGA, FALO, VULVA, VAGINA, CULO, ANO. Eso de sexo, ya pues, si dices explícitamente que tu blog es SOLO PARA ADULTOS, entonces, se coherente. Al pan, pan y al vino, vino. En cuanto a la carga morbosa u obscena del relato, va bien, podría ser mayor, si te sueltas un poco más. Eso ya depende de ti. Para mi, le falta más. Es que soy un depravado completo. 😉

    • Bueno, en lo primero coincidimos. Me parece hasta contraproducente poner fotos pornográficas en relatos eróticos. Digamos que la gracia de leer algo es darle vida con tu propia imaginación. Aunque a veces encuentro imágenes que le van muy bien al relato, y las agrego.
      Capitalismo en particular, es bastante exagerado. Casi hollywoodense. Pero aún me falta desarrollar la historia y los personajes, no te apresures a etiquetarlos de dominatrix u homosexual reprimido 😉
      Sobre lo demás no se, supongo que te estarás basando en casos que conoces. La verdad es que la dinámica masculino/femenino está tan presente en las relaciones homosexuales como en las heterosexuales. Conozco parejas homosexuales ridículamente genéricas, en las que uno es una típica ama de casa mantenida, y el otro un macho celoso posesivo. Los géneros (roles socio-culturales) son estereotipos de comportamiento que transcienden los sexos de los integrantes de la pareja.

      • Algunas fotos están bien elegidas. Veo en tu perfil de Google Plus que tienes otras más atrevidas y los gifs que están de moda. Ojalá que no tengas problemas con Google. No sé si son tan pacatos como Facebook. Yo pongo lo que me gusta en página de Tumblr. Allí no hay censura, hay de todo tamaño, color y formas. 😉

      • Lo son. Me han censurado cantidad de fotos… incluso me banearon de una comunidad.
        Nunca usé facebook. Y Google+ es engorroso y demasiado pesado para cargar, pero bueno.. es lo que hay.
        Tengo un tumblr tambien, si. Citando a Homero “se volvió un canal porno tan gradualmente que no me di cuenta” xd

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