Ana XIV – ¿Necesitas algo?

–Vení a cenar.

–No tengo hambre.

Largó un profundo suspiro antes de agregar –Vení, o te vengo a buscar –y cerró la puerta detrás de él.

Tragué saliva, sabiendo que cumpliría su amenaza sin lugar a duda. Dejé la carpeta a un lado y me puse de pie.

Lo bueno de haber estado toda la tarde encerrada en mi pieza era que me había puesto al día con muchas cosas. Incluso había estudiado para la prueba del jueves.

Lo malo era que me sentía entre claustrofóbica y resguardada, como un pájaro en una jaula.

Abrí la puerta de mi habitación, deseando que mi mama ya estuviera en casa. De seguro llegaría en cualquier momento, me dije consolándome.

Mi papa estaba frente a la mesada de la cocina, preparando unos sándwiches de jamón y queso. Pasé de largo hacia la mesa, sin saber si debía sentarme.

–Sentate en el sillón –dijo con su voz grave, sobresaltándome.

Me di la vuelta y me senté en el sillón, en frente del televisor. Él se acercó y me alcanzó un sándwich. Me apresuré a agarrarlo.

–No tengo tanta hambre… –murmuré.

Me miró reprobatoriamente –Comételo igual. –ordenó antes de alejarse hacia la heladera.

Mientras se preparaba un sándwich para él comentó en tono molesto, como si le hablara al aire –No puede ser que te pases todo el día encerrada en tu habitación…

Me encogí sobre mi misma y la garganta se me cerró en un nudo. Miré fijamente mi sándwich y le pellizqué pedacitos de pan de los bordes.

Unos momentos después se acercó con un pebete de jamón y queso en una mano, y un vaso grande de coca–cola en la otra. Se dejó caer a mi lado, reclinándose cómodamente sobre el respaldo del sillón. Luego agarró el control remoto y se puso a hacer zapping como si nada.

Intenté alejarme sin que se notara, pero no puede más que tensar los hombros y los brazos para tocarlo lo menos posible.

Se detuvo en una película cualquiera y le dio un gran mordisco a su comida mientras apoyaba el talón contra su rodilla. Yo lo imité y mastiqué mi sándwich con esfuerzo tratando de saborear lo más posible. Estaba rico.

–¿Y cómo vas en el colegio? –Me preguntó de pronto, sobresaltándome otra vez.

–B–Bien –respondí con la boca llena.

–¿Vas aprobando todas las materias?

–Si.

Después de un rato…

–¿Estas en… primero de secundaria no?

–Si.

Toda la situación tenía un aire de irrealidad.

–Ya dos años más y terminas…

Asentí con la cabeza para no volver a decir “si”.

–Relajate Ana… –dijo riendo. Me pasó un brazo por los hombros y me apretó el hombro derecho, empujándome contra él. –Siempre estas tan tensa… Comé –señaló mi comida con su pera y yo automáticamente le di otro mordisco. Traté de relajar los hombros un poco, pero era imposible…

Nos quedamos en silencio mirando el televisor, yo con la mirada fija en la pantalla sin realmente prestar atención a la trama. Cada tanto le daba otro mordisco a mi sándwich.

En un momento me pasó la gaseosa, yo la acepté y tomé unos sorbos, pero entonces se me hizo un nudo en la garganta cuando comenzó a pasarme la punta de los dedos por el cuello. Tragué saliva  y mis brazos se cubrieron con piel de gallina.

–¿Necesitas algo… para el colegio? –Me preguntó sin dejar de acariciarme el cuello. –¿Útiles, ropa…?

Arrugue el ceño ante lo extraño de su pregunta. Sacudí la cabeza en negación, aunque en realidad si necesitaba útiles, y siempre necesitaba ropa. Zapatillas, especialmente.

–¿Estás segura…? –Agregó mirando mis viejas zapatillas blancas.

Yo asentí, pisándome un pie con el otro y apuré otro sorbo de gaseosa.

–Mmm… –suspiró frustrado a mi lado.

Miramos la televisión por un rato más. Luego me preguntó si había terminado de comer y se llevó el pedazo de sándwich que me quedaba y el vaso de gaseosa vacío a la mesada. Apagó la luz antes de sentarse a mi lado otra vez. Me tensé al sentir su brazo sobre mis hombros una vez más.

–¿Ya habías visto esta película? –me preguntó.

–N–No… Creo… creo que no.

–Vení para acá… –se golpeó la rodilla con la palma. Yo no entendí qué quería, así que me quedé mirando sus rodillas como una tonta.

–Vení para acá, dale –volvió a repetir, y tiró de mi hasta sentarme en sus rodillas. Al momento me envolvió con un brazo y con el otro me apretó el cuello y la nuca.

–Relájate un poco… tenes toda la espalda dura.

Amasó con fuerza los músculos que unen mi cuello y mi hombro para demostrármelo. Una punzada de dolor me sacudió, llenándome los ojos de lágrimas.

–Aflójate… si te aflojas no te va a doler…

Me volvió a apretar, esta vez con menos fuerza, haciendo círculos en mi cuello con su pulgar. Expulsé el aire lentamente, aliviada de que no me doliera tanto, y traté de relajarme…

Me amasó los hombros y el cuello, bajando a veces por mis brazos, y luego subiendo otra vez hasta mi cuello.

Era medio bruto para hacerlo, pero después de un tiempo fui sintiendo como la tensión de mis músculos era reemplazada por una sensación de distención e impotencia. Mi sangre comenzó a circular por todo mi cuerpo, provocándome un cosquilleo en la piel y una sensación de cansancio me invadió.

No dijo nada más mientas la luz del televisor iluminaba intermitente la oscuridad de la cocina. Perdí la noción del tiempo y de todo a mí alrededor. Solo existía la sensación de mi cuerpo siendo aflojado y apretado por unas manos fuertes. Mi cerebro no producía ningún pensamiento. La situación era demasiado irreal.

En algún momento metió la mano por debajo de mi remera, para poder masajearme toda la espalda. Inspiré aire profundamente cuando sus dedos ásperos hicieron contacto con mi espalda.

El masaje fue volviéndose más y más impreciso, hasta que solo eran roces leves de la punta de sus dedos contra mi piel. Finalmente dejo de mover la mano del todo, pero la dejo sobre mi cuello, mientras su otro brazo descansaba alrededor de mi cintura.

La película estaba llegando a su fin cuando un coche estacionó en la entrada. Me erguí de inmediato, como si me hubieran pillado haciendo algo malo. Sentí un pequeño sobresalto en el cuerpo de mi papa también, antes de que se relajara contra el respaldo del sillón otra vez. Me apretó la cintura una vez más antes de soltarme.

–Anda a tu pieza –Me dijo en voz baja.

Sin dudarlo, me puse de pie y me dirigí a mi pieza.

–Espera.

Me congelé en el acto y me di la vuelta despacio. Lo vi alzar las caderas y meter la mano en su bolsillo trasero.

–Tomá. Después anda y comprate algo… zapatillas, útiles, lo que quieras –dijo mientras sacaba un par de billetes de su billetera y me los extendía.

Sentí una gran contrariedad adentro de mi pecho, y por alguna razón se me humedecieron los ojos. Volví unos pasos hacia él, agarré el dinero con la punta de los dedos y luego me metí en mi pieza.

Me acosté en la cama boca abajo y me cubrí con las sábanas hasta la cabeza. Hundí la mano bajo la almohada y dejé el dinero ahí.

Me sentía avergonzada y furiosa y un montón de cosas más. Tragué saliva, y me cubrí los oídos con las manos, a pesar de que no había ruido.

No entendía lo que había pasado… no entendía como hace unos momentos había estado ahí a su lado, como si nada.

Apreté los parpados con fuerza y rogué que el aturdimiento apagara mi cerebro. Me concentré en la sensación placentera de mis músculos blandos y aflojados, dejando de lado demás, dejando de lado cómo se sentía mi estómago al pensar en sus dedos sobre mi piel… O el nudo en la garganta que se me formaba al recordarlo…

Dormité así en la oscuridad mientras murmullos de voces y cubiertos se escuchaban en la cocina.

Esa noche no vi a mi mama.

Cuando volví a abrir los ojos, la casa estaba en silencio. Hice las sábanas a un lado y me fijé la hora en mi celular. La 1 am.

Me senté en el borde de la cama y esperé a que la cabeza se me estabilizara. Luego me dirigí al baño, sin hacer ruido. Me lavé los dientes y la cara. Me peiné un poco el pelo, y me cambié el algodón y la toallita femenina de la ropa interior, la cual estaba totalmente teñida de sangre.

Luego regresé a mi pieza y me acosté otra vez. Observé la oscuridad hasta quedarme dormida, y mi último pensamiento fue que en la oscuridad, nada tenía sentido, y lo real… era más irreal que los sueños…

Anuncios

3 comentarios en “Ana XIV – ¿Necesitas algo?

¿Qué sentis?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s