Ana XXIV – Pensamiento desafortunado

Disculpen que no he escrito en estos últimos meses, a partir de ahora retomaré el ritmo anterior.

***

–¿Trajiste limones…?

Me quedé tildada un segundo mientras me daba cuenta de que no, no había traído. Puse las bolsas sobre la mesa para hacer tiempo.

–¿Compraste? –Insistió mi mama.

–No.

–¿Me estas cargando? ¡¡Era lo mas importante!!

–Me olvidé, no estaba en la nota.

–Si que estaba, a ver, ¡mostramela!

Saqué la nota de mi bolsillo para mostrarle que no decía limones en ningún lado, pero apenas ojearla noté que al lado de pan decía, efectivamente, limones.

–No lo vi. –Dije extrañada. No era normal que me olvidara de algo cuando iba al almacén.

–¡Genial! ahora no tengo limones para las milanesas ¿sabes qué? Anda a comprar ahora.

–¡Pero hace frío! no quiero salir otra vez. Ya debe haber cerrado…

–No importa, los necesito ¡era lo mas importante!

El comedor de convirtió en un griterío de voces femeninas durante casi un minuto, hasta que al fin terminé saliendo de la casa pegando un portazo a mis espaldas. El frío me golpeo el rostro y los pulmones se me llenaron de oxigeno. ¡Solo eran unos malditos limones! ¿Que tan importantes podían ser? Mientras caminaba hacia el mercado una ráfaga de adrenalina me invadió. Pensé en usar esta bronca que vibraba en mi sangre, para seguir caminando… simplemente seguir caminando hasta donde me llevaran los pies. No detenerme, no volver…

Observé la calle bajo mis pies, mientras me acercaba a la esquina, mi interior girando en círculos frenéticamente. Finalmente llegue a la curva y giré hacia el supermercado.

No importa, me dije. Podía irme en cualquier dirección… podía irme a la vuelta… podía…

Pero sabía que no lo haría. A cada paso que daba, el enojo iba dejando paso a la impotencia. Ni siquiera había nada en esta dirección… Vivía en uno de los barrios mas apartados de la ciudad, de hecho… si seguía en esta dirección, mas allá de la carnicería y el supermercado, llegaría al cementerio.

Sacudí la cabeza con ironía. ¡El cementerio!

Estaba ingresando en el supermercado mientras seguía fantaseando con una huida que no ocurriría.

Hay gente que vive en la calle, me dije. De alguna manera sobrevive. Yo no necesitaba mucho para vivir… tal vez mi celular y algo de musica. Ojala tuviera un celular con musica, eso me ahorraría muchos problemas. Mi celular ni siquiera tenia cámara…

Y mi walkman llevaba pilas. ¿Donde conseguiría pilas…?

El hombre del mercado me miraba curioso.

–Ahmm, me olvide de algo –Aclaré ruborizándome de vergüenza. Por un segundo pensé que lo había vuelto a olvidar. –Pilas… no, limones.

–¿Qué cosa? –Preguntó el cajero juntando las cejas.

–Limones –Solo me faltaba tartamudear.

–Al fondo en la verdulería.

Trague saliva y fui a la parte donde estaba la fruta. Obviamente no vendían limones en la caja registradora, apreté los ojos reprimiendo la vergüenza. Elegí varios limones, los mas grandes, y volví.

–¿Algo más?

–No no.

Salí del supermercado y volví a apretar los ojos tratando de olvidar mi comportamiento estúpido. Se estaba volviendo una costumbre últimamente, y ya no quería pensar en ello.

Sujeté bien la bolsa y comencé a caminar hacia mi casa. Repetí toda la discusión en mi mente sobre si seguir o no caminando, pero cuando llegué a la esquina, volví a girar hacia mi casa. Tragué saliva y me sacudí para quitarme el frío. Hacía frío… y tenía que llevarle los limones a mi mama, no podía irme ahora… lo haría otro día. Ya no soportaba esa casa.

¿Cuantas veces lo había dicho…? ¿Cuantas veces había llegado a mi límite…? y sin embargo los días seguían pasando… mi vida… seguía pasando…

–¿Conseguiste? –Preguntó mi mama mientras me abría la puerta.

–Si, todavía estaba abierto –respondí mientras me sacaba la campera.

–Bueno, menos mal…

Fui al baño a lavarme la cara y luego a mi habitación. Me acosté bajo las mantas, sintiéndome repentinamente cansada. Pensé que debía ser por la discusión de hacía un rato con mi mama, que ya casi había olvidado…

Me acurruqué contra las mantas y abracé la almohada. Era cada vez más raro que nos gritáramos así, ya que trataba de ignorarla o comportarme como “un zombie” según sus palabras. Se sentía bien haber discutido, como si me hubiera activado la circulación en el cuerpo, pero me había dejado cansada.

“La próxima vez… trataré de no gritar… y hacer lo que me diga” pensé mientras me dormía.

***

Observé a mis compañeros desde el fondo del salón.

Me sentía diferente… como si hubiera cruzado una frontera imaginaria y ahora me encontrara en un lugar donde se hablaba un lenguaje nuevo que aún no comprendía, pero que era tan ruidoso que no me permitía escuchar lo que ocurría a mi alrededor.

Me pregunté si los demás lo notaban. Esperaba que no. Sabía que jackeline notaba algo extraño, pero no sabia la razón. Y nunca la sabría, porque no me prestaba suficiente atención.

Ahora entendía a esas chicas que parecían no tener ningún interés en la clase. Esas que susurraban entre ellas, y nos trataban a las demás como si supieran algún secreto que nosotras ignorábamos.

Y así era. Sabían un secreto que hacia que todo lo demás perdiera importancia. Perdiera significado. Ahora mismo miraba a mi alrededor y sentía como si no estuviera ahí. La vida parecía haber bajado de volumen, de color.

El colegio… mis compañeras, los chicos… la musica, los sueños diurnos… nada parecía tener importancia ahora. Eran cosas sin sentido. Hacer la tarea, para aprobar las materias, para terminar el secundario ¿Para que? Para ir a la universidad… 4, 5 años más… ¿Para que? Para conseguir un trabajo, para casarme, para tener hijos…

Hace unos meses todas estas cosas mundanas me hacían suspirar de ilusión. No me gustaba ningún chico de mi colegio (me parecían demasiado inmaduros) pero a veces fantaseaba con algunos de ellos, o con chicos de los grados mayores.

Ahora me parecía tan estúpido. Mis fantasías del primer beso, de estar con mi novio tímidamente, de tomarle la mano…

»De decirle un día, tartamudeando de nerviosismo, que era virgen, e imaginar su reacción, siempre dulce, siempre considerada, siempre romántica.

Varias veces había fantaseado con el día en que perdería la virginidad, pero no tantas veces como hubiera querido. No había querido pensarlo demasiado, porque cuando llegara el momento, no quería ser falsa. Quería ser inocente. Verdaderamente inocente. Me parecía tan romántico…

Por eso solía sentirme culpable después de masturbarme. Pensaba que cada orgasmo que me provocaba era como una traición a mi futuro novio, porque se suponía que él debía tocarme así, no yo.

Nada de que eso importara ahora… Mi virginidad ya no existía. Lo que parecía tan lejano en un momento, terminó ocurriendo sin previo aviso. Ya estaba. Ya estaba hecho.

Tal vez seguía pensando en esto porque no me había resignado del todo. Aún tenía la esperanza de tener una “primera vez” algún día… En cierta forma me seguía sintiendo virgen. En cierta forma… no.

Me mire la palma derecha y recorrí el contorno de las lineas con el índice. La voz del profesor se escuchaba de fondo, como alguien que habla desde la profundidad de un valle, o la cima de una montaña

“Podría fingir…” me dije. “Algún día… podría fingir que nada de esto había ocurrido”.

“¿Eso no es mentir acaso…?” me preguntó una vocecita. “¿Realmente le vas a mentir así a la gente? ¿Le vas a mentir así a tu futuro novio?”

“¿Y por qué no?” me contradije. “¿Quien dijo que la vida tiene que ser perfecta…? ¿Quien dijo que tenemos que ser honestos todo el tiempo?”

El timbre del recreo sonó, cortando mis pensamientos. Como en una neblina, salí del salón y recorrí el pasillo hasta llegar a la escalera. Apenas recordaba haberla subido, ya me encontraba en la cueva del segundo piso. Me senté dentro, protegida de la vista de cualquier curioso, y retome mis pensamientos.

»Es verdad que yo siempre había querido una vida perfecta… y mientras mas imperfecto era el presente, mas perfecto quería mi futuro. Mas perfecta quería ser yo, y mas perfecto quería que fuera el amor de mi vida.

Pero… ya no podía ser perfecto.

“¿Por que no mentir entonces?” Nunca había considerado la posibilidad hasta ahora, pero de pronto se me presentaba como una salvación: la posibilidad de empezar de nuevo algun dia…

Me imaginé a mi misma, dentro de 5 años, ya habiendo terminado el secundario y trabajando de alguna cosa… totalmente independiente, viviendo en un pequeño pero acogedor departamento…

¿Quién se daría cuenta? ¿Quien podría adivinar lo que me había pasado, si yo no decía nada?

¡Nadie! Nadie lo sabría, y yo no estaba obligada a decirlo. ¡No lo estaba! Podría inventarme un pasado… podría inventarme a mi misma, y nadie nunca lo sabría…

Y entonces tuve un pensamiento desafortunado: pensé que podía hacerlo. Podía soportarlo… podía venir al colegio los ciento y pico de días que me faltaban. Era capaz ¿Acaso no lo había soportado ya, a pesar de todo? ¿a pesar de que yo decía que no podía más…? Podía aguantarlo hasta terminar el secundario… podía estudiar, aprobar las materias, y tratar de esquivar a mi papa lo más posible. Eran solo unos meses… unos meses más… Luego conseguiría un trabajo y me emanciparía.

¡Incluso tal vez pudiera conseguir un trabajo antes de terminar el año! Mi mama siempre estaba remarcando como ella había empezado a trabajar a los 15 años, ¿qué tan difícil podía ser? Había muchos trabajos que podía hacer…

De solo pensarlo, el corazón me empezó a latir con fuerza. Solo tenía que soportarlo unos cuantos meses más… Solo unos cuantos meses más… y entonces podría dejar todo esto atrás.

Cuando el timbre del recreo volvió a sonar, bajé las escaleras casi con alegría. En este momento sentía que todo estaba bien.. que todo saldría bien… de algún modo.

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