Ana 35 – Tontita

(Gracias por seguir esta historia, disculpen la demora)

Me puse de pie de un salto y corrí hacia el comedor. Me detuve en seco en la puerta del pasillo con una mano en el pecho. Cerré los ojos un segundo, tomando aire profundamente y entré en la cocina. Mi mamá dejó las bolsas de supermercado sobre la mesada y se subió los anteojos de sol para correrse los rulos de la cara. Busqué algún signo diferente en su rostro, pero se la veía igual que siempre. Tal vez tenía más delineador en los ojos de lo normal, pero eso era todo.

-Anda metiendo la leche y los huevos en la heladera -dijo mientras arrojaba verdura al lavado. Tardé unos segundos en reaccionar. Agarré la caja de huevos y la leche y los metí en la heladera. Al cerrar la puerta noté algo extraño. Pasé el indice por una abolladura que antes no estaba ahí. Abrí la boca pero las palabras no salieron. Me giré hacia ella y me la quedé mirando. ¿Es que no iba a decir nada?

-Ma… ¿De… de verdad se van a separar? -Pregunté en un susurro. Ella no dio señal de haberme escuchado y siguió lavando los tomates en silencio mientras yo contenía la respiración.

-No -dijo al fin.

-Pero… dijiste que nos íbamos a ir. Dijiste-

-Si, pero no. Al final no.

-Pero… pero… -la garganta se me cerró y mi cara enrojeció. Traté de contener la emoción que me apretaba desde adentro, a punto de desgarrarme -pero… no podes hacer algo así, no podes… -declaré atragantada, negando con la cabeza -n-no podes decir que te vas a separar y des-después decir que no. No podes hacer eso. No podes-

Alzó la vista con gesto sorprendido y yo corrí a mi habitación para no largarme a llorar en su presencia. Cerré de un portazo y caminé de un lado a otro, temblando de rabia. Quería gritar. Quería gritar con todas mis fuerzas. Quería tirarme al piso y arrancarme el pelo, pero mi mama estaba demasiado cerca. Quería tirar algo contra la pared, pero eso también lo escucharía. No podía hacer nada. No podía hacer nada… Dios… no se iban a separar. ¡No se iban a separar! Era mentira. Todo era mentira. ¿Cómo podía ser así? ¿Como podía ser tan cruel? Decir que nos íbamos a ir… y luego retractarse. No podía respirar. Todas mis esperanzas hechas trizas en el piso. No lo soportaba. Agarré una campera cualquiera del ropero y salí de mi habitación hacia el comedor.

¡Ana!

Ya en la puerta de entrada me giré y sin pensar fui hasta la mesa y agarré un plato -¡¡Comete tu maldita comida!! -grité desde el fondo de mis entrañas y lo estrellé contra el piso. A continuación salí de la casa y me alejé sin siquiera mirar hacia donde. Creo que ni cerré la puerta. Ignoré a las figuras borrosas de algunos vecinos a mi alrededor. Ellos eran borrosos, todo era borroso. Mis ojos estaban húmedos y las manos me temblaban. ¡Maldita! La odio. La odio. La odio. Quería matarla. Quería matar a alguien…

Caminé furiosamente hacia ningún lugar, cuadra tras cuadra, puteando en mi mente a mi mama, a Dios, al mundo, a mi misma. A mi misma… por haber sido tan estúpida como para tener esperanzas de que mi madre fuera a hacer, por una vez en su vida, algo en mi beneficio. ¡No podía ser tan estúpida!

Me detuve en el porche de una casa cualquiera y esperé media hora a que mi mama se fuera a trabajar. Luego regresé sobre mis pasos, arrastrando los pies. La furia había sido reemplazada por depresión, y a cada paso tenía que esforzarme por contener las lágrimas. La puerta de entrada estaba cerrada así que rodeé la casa hacia el fondo y me encontré con que la puerta de atrás también estaba cerrada. La sacudí con impaciencia, como si eso la fuera a abrir, y luego apoyé la frente contra el frío metal. Me senté en la escalerita y me apreté los ojos con las palmas. Pronto tuve que taparme la boca para ahogar el llanto. En un momento fui hasta la ventana de mi habitación y tiré del marco de la ventana, pero no hubo caso. A veces la traba saltaba si no estaba bien cerrada, pero al parecer ese día la había trabado bien. Volví al patio y me envolví mejor en la campera. Agotada de llorar, contemplé los altos paredones, el pasto, y la pila de chatarra donde me quise mudar cuando tenía 4 años.

-Debería irme… debería irme ahora…

Pero no lo hice. De pronto recordé un truco que uno de mis compañeros había mencionado en el colegio. Busqué un palito del tamaño indicado y lo metí en el cerrojo de la puerta hasta que la llave cayó al piso. Luego metí la ramita por debajo de la puerta y con cuidado la fui empujando hasta sacarla hacia afuera. Con un suspiro de alivio, la recogí y abrí la puerta.

El reloj del comedor marcaba las 2 pm, otro día sin ir al colegio… Abrí la heladera en el exacto momento en que mi estómago gruñía de hambre. Arriba de los dos tappers que había dejado mi mama con el almuerzo, había un alfajor. Lo agarré y me senté a la mesa. Era de membrillo, mi favorito. Lo sostuve en mis manos sin abrirlo y luego leí la etiqueta de los ingredientes hasta que la vista se me nubló. Me limpié las lágrimas con furia. ¡Lo único que faltaba! Que me largara a llorar por ella. ¡Por ella! Apreté los puños, tratando de contener las lágrimas. ¡Basta! Pero las lagrimas brotaron de todos modos. Me pegué una cachetada en la cara. ¡Basta! Otra cachetada más fuerte, y otra más. ¡Estúpida! Me levanté de la silla y caminé en círculos por el comedor, sintiendo como si algo me ahogara. Fui al baño a echarme agua en la cara y mi mirada se detuvo en la maquinita rosa de afeitar de mi mamá. Sin pensar, la arroje al piso y la aplasté con el talón. Recogí los pedazos y le saqué una de las hojas de afeitar.

El dolor se sintió un segundo tarde y fue inesperado, como la quemadura de un agua viva. Miré extrañada mi brazo y el corté finísimo del que brotaba una espesa gota de sangre. La observé moverse lentamente hasta rodar hacia mi codo y perderse de vista. Me dejé caer contra la puerta del baño y me deslicé hasta quedarme sentada en el piso. Cerré los ojos un momento. Ahora sentía sueño… y frío. Cuando volví a abrir los ojos, el color de la luz era extraño. Mi cuerpo se sentía pesado. La sensación de astronauta… bajé la mirada hacia mi brazo donde la sangre ya se había secado y oxidado.

¿Por qué había hecho eso?

No lo sabía. Tampoco me importaba demasiado. Ya me sentía mejor… podía respirar al menos. Nada parecía realmente tan grave. ¿Y qué si no se iban a separar? No era nada nuevo en mi vida. Se peleaban desde que tenía memoria, siempre parecían al borde de la separación, pero no se separaban. Ya debería haber aprendido la lección…

Me apoyé en la puerta y fui trepando hasta ponerme de pie. Sacudí el polvo de mi vaqueros y me acomodé el pelo detrás de las orejas. Junté los pedazos de la maquinita de afeitar y los tiré al tacho, menos las tres pequeñas hojas de afeitar. Las sostuve en la palma de la mano, sopesando lo que debía hacer con ellas. Finalmente me las llevé al comedor, las limpié con alcohol y, envueltas en un papel de cocina, las guardé en el cajón de mi mesita de luz.

***

Estaba desnuda en mi cama, mi cuerpo blando, húmedo, manoseado. Mi papá me miraba con gesto preocupado.

-¿Qué te pasó ahí? -preguntó señalando la venda que rodeaba mi antebrazo.

-Me quemé con la plancha -dije automáticamente. No importó que nunca hubiera planchado en mi vida. Ni siquiera estaba segura de que tuviéramos una plancha. No notó nada extraño en mi respuesta y su gesto se relajó en una sonrisa.

-Tontita –murmuró y siguió penetrándome suavemente. La palabra quedó flotando en el aire mientras las embestidas empujaban mi cuerpo hacia arriba y hacia abajo.

Tontita… Tontita…

«–Ana… ¿qué te pasó? ¿Por qué lloras?

La niña, de unos 2 ó 3 años, levantó su dedo para mostrar la sangre que emanaba de un pequeño corte, llorando desconsoladamente.

–¿Qué te has hecho? Dejame ver –su papá le tomó la manita y le examinó el dedo. –¡Pero si no es nada, maricona! –Se metió el dedo en la boca y le chupó la sangre –Mira, ¿ves? –Le dijo señalándole su dedo –ya ni sangra.

Ella miró el dedo asombrada y sonrió tímidamente. Él la alzó a upa y le sonrió también, algo que no hacía a menudo –Tontita… –le dijo antes de plantarle un ruidoso beso en el cachete.»

Contemplé el recuerdo, extrañada. Casi no entendía quién era esa niña y quién era ese hombre. Pero recordaba haberme sentido consolada y segura en sus brazos. Recordaba que cuando me bajó al piso, intenté llorar de nuevo para que no se fuera, pero no lo había logrado. Nunca fui buena fingiendo.

Mis pensamientos se interrumpieron cuando mi papa aceleró el ritmo, jadeando, metiendo y sacando su pene de mi interior hasta que yo no era más que carne palpitante, caliente, irritada, que no ofrecía resistencia alguna. Finalmente empujó con todo su peso, intentando llegar mas adentro… y se derrumbó sobre mi. Me mantuvo abrazada durante varios minutos, moviéndose de vez en cuando, hasta que finalmente se separó de mi. La ausencia de su pene dejó un vacío entres mis piernas y en mi pecho. Un vacío que cada día se hacia más grande. Era como si me faltara algo, como si yo solo fuera un pedazo de algo. De pronto no quería que se alejara. Quería que siguiera, que siguiera aplastándome, envolviéndome… penetrándome.

-¿Estas bien? -preguntó contra mi cara después de besarme la frente.

-Si -dije con la garganta apretada. Los ojos se me llenaron de lágrimas y él dejó de tocarme. Se quitó el condón y se subió el pantalón en silencio.

-Quedate acostada un rato mientras hago algo para comer… -murmuró incómodo, antes de salir de la habitación.

Me puse de lado y me cubrí con las sábanas hasta la cabeza. Me sentía tonta, pequeña… ¿Por qué no podía dejarme llevar? ¿Por qué no dejaba que las sensaciones me abrumaran? Necesitaba sentir… El colegio era monótono, mi vida, vacía. Al menos él me quería. Me quería. Era el único que se había fijado en mi… Tal vez por eso no podía odiarlo. Podía odiar a mi madre, pero a él no. Quería hacerlo, pero no podía, no podía…

***

-¿Hoy podes venir?

-No. Hoy no puedo. -Respondí sin pensar. Algo en la voz del hombre me causó rechazo.

-¿Y mañana?

-No. Mañana tampoco.

-Bueno… Dejá -dijo con tono molesto, y cortó la llamada.

Yo también corté, sintiendo mucha vergüenza y estupidez. La llamada me había tomado completamente desprevenida a pesar de que era en respuesta a un anuncio que yo había publicado. “Se ofrece señorita para empleada doméstica”. Me había olvidado de ese anuncio, tenía la impresión de que era algo ocurrido hace mucho tiempo… Sacudí la cabeza sintiéndome estúpida otra vez. ¿Por qué había tardado en reaccionar? ¿Por qué lo había rechazado? ¿No estaba desesperada por encontrar trabajo..?

No. La verdad es que, en algún momento, había perdido el interés por trabajar. Era estúpido, una fantasía estúpida. Tenía que ir al colegio, tenía cosas que hacer. Nadie me tomaría en serio a mi edad. Era demasiado tímida para ir a la casa de un hombre a limpiar. El dinero no seria suficiente para nada. Había sido una esperanza idiota, como todas mis esperanzas.

Me apreté los ojos y desvié esos pensamientos. Me prometí a mi misma que si alguien volvía a llamar, aceptaría el trabajo. Sin importar si era un hombre, o si no me agradaba el tono de su voz, diría que sí. Sin importar si no sabía de dónde sacaría el tiempo y las energías para trabajar. Pero nadie volvió a llamar… y cuando se cumplió el mes, no renové el anuncio.

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8 comentarios en “Ana 35 – Tontita

  1. He leído todos tus relatos, sin duda eres excelente con las letras, plasmas los sentimientos, podría decir que me siento confundido cuando esta confundida, excitada, contrariada, desconsolada, esperanzada, una montaña rusa de emociones, la esperanza que se percibe es como la ola del mal, va y viene, siendo la resaca la peor parte y destrozando sus sueños de arena, cuando toca tierra.

    Es la primera vez que comento, y solo diré que ha sido un capitulo que por quizá azares del destino ( o no) que la he escuchado con esta canción
    Jula – Za każdym razem (Cada Vez… en español)

    La letra quizá no tenga nada que ver, pero le dio el toque que me llevo a un paso mas allá de lo que me has llevado.

    Excelente trabajo. Sigue así que yo te sigo, así espere mil años.

    • Me gustó! No conocía esta cantante. Creo que le va al capítulo. A mi siempre me pasa que la canción que escucho cuando escribo o leo, queda pegada al texto.
      Gracias por tu comentario! 😉

  2. Ha empezado a agredirse, trastorno limite de la personalidad ral vez a futuro. Nadie va a ayudar a esa niña??.

    Me has hecho sentir exacto igual que Aleius Lestat y si bien soy impaciente, igual espero. Avanzas increiblemente dentro de la mente de Ana y te repito lo que la primera vez: jamás lei algo tan real respecto a este tema. A veces horriblemente exitante, otras lleno de miedos atroces, siempre colmada de dolor,soledad e inseguridad.

    El tipo merece la peor de las torturas, y la madre merece que alguien le abra los ojos. Las escenas donde el habla y donde hay regresión a su infancia son un toque excepcional.

    Esperar otro mes no es facil, pero ni modo. Si esto fuera un libro venderias miles, no por el morbo, si no por la calidad de tus letras.

    Sigo atenta.

  3. ¿Puedo enviarte un correo? ¿A qué dirección lo hago? Realmente estoy embelesado con tu manera de escribir y me gustaría platicar contigo para que me des unos tips para mejorar mi escritura. Ya espero ansiosamente el siguiente capítulo. Mi correo es filiorocks@opmbx.org, saludos.

    • Me halagas, pero realmente no se qué clase de consejos te podría dar. He ido aprendiendo a escribir a partir de la lectura, la escritura y pura y dura deducción (y frustración). Quiero completar la historia antes de sumergirme de lleno en manuales de estilo, recursos de narración, etc. Si acaso te podría dar un consejo sería ese: que escribas sin importar si no sabes lo que estas haciendo. Si insistes, y superas la frustración inicial, cada vez que tengas que superar una barrera, aprenderás muchísimo. Realmente creo que hay que escribir primero y luego, en todo caso, buscar ayuda e información sobre aquello que nos ha atorado. Obviamente no es solo escribir, yo leo continuamente, y supongo que mi cerebro ha absorbido información al respecto sin que me diera cuenta.
      Pon el mouse sobre mi avatar, ahí esta mi perfil y mi mail de contacto, pero de verdad que, a parte de lo dicho, no sabría cómo aconsejarte. ¡Saludos! y gracias.

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