Ana 38 – Edad

-Chicas, yo sufrí más amamantando que con el parto. Porque mis pezones estaban cerrados.

Jackeline me miró abriendo los ojos de par en par, pero a mi la palabra pezones no me impresionaba. O tal vez era que estaba demasiado distraída como para reaccionar.

-A veces pasa, chicas… -continuó la profesora de biología, ignorando los murmullos y las risitas -La leche no baja o tienen los pezones obstruidos. Entonces el bebé se desespera y si tiene dientes, las muerde.

El estómago se me encogió al escuchar esto. Parecía más una de las películas de Alien que una clase de educación sexual. Ya habíamos tenido una charla sobre el tema el año pasado, en noveno grado, de la cual solo recordaba cuando un compañero preguntó si un perro podía embarazar a un gato y qué pasaba si un hombre hacía pis dentro de una mujer. Esta charla fue aún más confusa.

-…así que cada tanto es recomendable que se den una ducha fría o que dejen que el aire frío les de sobre los pechos -seguía la profesora. ­-Por ejemplo, pueden abrir una ventana a la noche y pararse en frente. Obviamente fíjense de que no haya nadie mirando -aclaró riendo. Yo no me reí.

-Bueno ¿alguien tiene alguna pregunta? -dijo finalmente. Se hizo el silencio durante algunos segundos hasta que el timbre del recreo sonó, dando por terminada la clase. Me levanté de mi asiento con un esquivo sentimiento de enojo. Al mismo tiempo que nosotras, los varones salían ruidosamente del salón contiguo, riendo y pegándose codazos entre ellos. Al parecer la habían pasado mejor en su clase que nosotras.

¿Que rayos había sido eso? La profesora solo había hablado de parto, embarazo y amamantar. Es verdad que había 2 chicas en el salón de más edad que ya tenían hijos, ¿pero qué había del resto? ¡Ni siquiera habían hablado de píldoras anticonceptivas! Ni siquiera nos mostraron cómo se ponía un preservativo. Si no hubiera sido por un folleto que trajo mi mama del hospital un día, ni hubiera sabido que daban píldoras gratis en salitas y en el hospital.

¡¿Y por qué nos habían separado de los varones?! Solían ser ellos los que se animaban a hacer las preguntas. Por más tontas que fueran, era mejor que nada. ¡Como si yo no tuviera preguntas!. Tenía muchas preguntas… pero era incapaz de hacerlas. Al menos no frente a todo el salón.

Nos sentamos las tres en la escalera del escenario, Yamila, jackeline y yo, pero no pude concentrarme en lo que decía jackeline. Mi mente estaba hecha un lío de preocupaciones e imágenes de bebes mordisqueando pezones hasta hacerlos sangrar. Tuve que contenerme de no masajearme los pechos para quitarme la sensación.

Días después decidí preguntarle a mi mamá sobre una de mis preocupaciones. No quería hacerlo, pero después de todo ella era enfermera y sabía algunas cosas.

-¿Ma, por qué puede ser… que me arda cuando voy al baño?

-¿Te arde?

-Si, o sea, cuando hago pis -expliqué con tono casual, alzando los hombros.

-Ah, eso es que has tomado frío -comentó como si nada, mientras fregaba el fondo de una olla.

-¿Entonces no es nada grave? -insistí, sintiendo un ola de alivio. Desde hace días que estaba enfermándome de preocupación.

-No creo. Igual tendrías que ir al hospital y hacerte un análisis por si acaso.

-Pero, ¿no es que no es nada importante?

-¡Ay Ana, yo que se! Tal vez si, tal vez no. Mejor andá al hospital y que te lo diga alguien que sabe, un doctor.

Tragué saliva, todo el alivio había abandonado mi cuerpo y había sido remplazado por bronca. Siempre que me quejaba de la mas mínima molestia se hacía la que tenía todas las respuestas, casi obligándome a tomar tal o cual medicamento. ¡Y ahora decía que no sabía!

-Bueno, ¡gracias por nada! -Le grité antes de darle la vuelta y meterme en mi habitación dando un portazo. ¡Maldita sea! ¿Por qué no podía responder si o no? ¿Por que tenia que aliviarme para luego volver a preocuparme?

Me senté en el borde de la cama y me llevé las manos a la frente. Desde que me había pasado lo del jabón, cada vez que iba al baño me ardía. Sentía la vagina inflamada y a veces me picaba. Era incómodo y me causaba un poco de dolor cuando…

Presioné las manos contra mis ojos. Se ira dentro de un tiempo, me dije. Se irá como todas las demás molestias que había sufrido antes. Suspiré, resignada. Esperar y aguantar era todo lo que podía hacer.

Desde lo que había pasado hace unos días, mi papá se comportaba más atento conmigo. Me llevaba a jugar pool y a merendar café con medialunas e intentaba hablar conmigo otra vez lo que era molesto.

-Ya pronto es tu cumpleaños… -comentó un día mientras sorbía su café. Me encogí de hombros. No quería recordarlo.

-16 años… -me miró de manera extraña -¿Y qué te gustaría de regalo? -inquirió cambiando de tono.

-Nada.

-Vamos, algo tenes que querer -dijo con cansancio, desviando la mirada hacia la ventana.

Me encogí de hombros otra vez, buscando que decir. No se me ocurría nada. Por suerte no insistió más y después de salir del café fuimos un rato a un ciber.

Estaba por cumplirse la hora cuando Charly21 preguntó:

-¿Qué edad tenías vos?

-15.

-¿15? pensé que eras mas grande.

-Soy grande.

-Si, ya se. Bueno, y cuándo los cumplís?

-¿Qué te importa?

¡Dios, no quería pensar en mi cumpleaños! Sería horrible.

-Dale Lucy, decime.

-Solo si dejas de llamarme así.

-Hecho.

Suspiré.

-9 de noviembre.

-Ah, dentro de poco.

-Aja…

-¿No te gustan los cumpleaños?

-No. Ya te lo dije varias veces.

-Bueno, no te enojes. ¿Y por qué no?

-Porque no.

-¡Que chica difícil!

Bajé la ventana y lo ignoré mientras buscaba fotos de un actor que me gustaba. La voz de mi papá me sobresaltó.

-¿Te falta mucho? -preguntó desde su computadora.

-No, no. Ya cierro -le dije. Amplié la conversación. Tenía 10 mensajes.

“-Lucy, no me ignores que me pongo triste.

-No me abandones!!!

-Luuuucy, estoy llorando.

-Luuuuucy!!!!!”

Me reí. Que patético.

-Bueno adiós, me tengo que ir -escribí rápido.

-¡Ah, estas viva! Bueno, adiós Lucy. Y no olvides que te quiero por mas mala que seas conmigo.

-Bobo.

-Adiós ❤

Siempre estaba al borde de bloquear a este contacto pero por alguna razón no lo hacía. Tal vez por lastima, o porque insistía tanto. Siempre era él el que iniciaba la conversación pero parecía no darse cuenta de mi apatía. Era el único contacto que retomaba el hilo y siempre quería saber más de mi, pero su curiosidad, lejos de halagarme, me hacía sentir incómoda…

En el colegio la rutina seguía igual, mis notas bajaban lentamente, pero no lo suficiente como para reprobar ninguna materia. A excepción e física. Ya me estaba haciendo a la idea de que me llevaría Física a diciembre a pesar de que intentaba aferrarme a la esperanza de sacarme 10 en el ultimo trimestre, y así llegar al 7. Era una fantasía totalmente ridícula, pero cada vez se me hacía más fácil bloquear las cosas sobre las que no tenía ningún control.

Micaela y sus amigas intentaron un par de veces más averiguar quien era mi misterioso novio, pero desistieron después de que yo me negara a contestar a sus interrogatorios. Al cabo de una semana habían vuelto a ignorarme como antes. Empecé a pasar más tiempo con Yamila, inesperadamente. Incluso fuimos juntas al cine sin Jackeline. Es que las dos estábamos obsesionadas con el actor principal.

-¿Te queres sentar de este lado? -me peguntó Yamila cuando yo ya me había acomodado, con un paquete de pochoclos en la mano.

-No. Me gusta en el medio.

-Es que no escucho de este lado -dijo señalándose el oído.

-¿Que?

-No escucho del lado derecho.

La miré extrañada y me puse de pie para intercambiar asientos. Le quise preguntar porqué pero la película ya estaba comenzando. Después de la función me contó que cuando era chica se había caído de un árbol y se había golpeado la cabeza.

-Desde entonces no escucho de este oído -concluyó.

¡Vaya! Nos juntábamos hace meses y recién ahora me decía algo tan importante como que era sorda de un oído. Me pregunté cuantas veces habría estado yo hablando y ella asintiendo sin escuchar ni una palabra de lo que decía. Esto explicaba muchas cosas… Me sentí un poco molesta aunque sonreí al pensar en todo el parloteo que Jackeline había desperdiciado con ella.

Finalmente llegó el día de mi cumpleaños. Ese día falté al colegio y no le dije a nadie la razón. Deseé que Jackeline no se acordara de la fecha porque, a pesar de que yo le pedía una y otra vez que no dijera nada, siempre lo hacía. Y lo ultimo que quería era ir al colegio el lunes temiendo una malteada llena de harina y huevos en mi cabeza. Esa clase de cosas me daban ganas de no ir al colegio nunca más. Y de matar a Jackeline.

-¡Pensar que no quisiste cumpleaños de 15! -comentó mi tía Lourdes sacudiendo la cabeza -Te vas a arrepentir Ana. Cuando seas grande y veas que no tenes fotos, te vas a arrepentir.

Estábamos todos en el comedor de nuestra casa, mis tíos sentados en el sillón con un pedazo de torta en la mano. Mi mamá apoyada contra la mesada y mi papá en el escritorio frente al televisor. Yo cerca del pasillo, esperando una oportunidad para irme a mi habitación.

-¡Eso le dije yo! -exclamó mi mamá dramáticamente -Los 15 son un cumpleaños especial, no es lo mismo que los 14 o los 16.

-A los 15 es cuando la niñas se ponen lindas -agregó mi tío, guiñándome un ojo.

Me encogí de hombros y apreté los dientes. Es todo lo que fui capaz de hacer. Estaba siendo, hasta la fecha, el peor cumpleaños de mi vida. Pero pronto supe que podía empeorar. No era suficiente que hiciera 27 grados y yo estuviera con una polera negra que me cubría los brazos hasta las muñecas, no. Mi tía me tenía que regalar una bikini y no solo eso, sino que quiso que me la probara. Agradecida, no por el regalo sino por la oportunidad de fuga, me metí en mi habitación y cerré la puerta. Me puse el bikini lo más rápido posible, me miré fugazmente en el reflejo de la ventana, ya que no tenia espejo, luego me lo saqué y volví a vestirme.

-Me queda bien -susurré asomándome por la puerta.

-¡Ah, pero yo quería ver como te quedaba! -dijo mi tía levantándose y dejando la torta a un lado.

-¡Yo también! Ay, Ana, obvio que queríamos ver cómo te quedaba puesto -comentó mi mama girando los ojos hacia el techo como si yo fuera una retrasada. Las dos me acorralaron en mi habitación.

-Ya me lo probé, me queda bien -dije, rogando con la mirada que no insista.

-¡Pero dale, hija! ¿Qué te cuesta?

-Es que ya me lo probé.

-Pero nosotras no te vi-

-¡No quiero! -Estallé, sin poder contenerme. Mi mama y mi tía se quedaron en silencio, mirándome. Yo clavé la mirada en el piso, apretando los puños.

-Bueno… si no querés, no te vamos a obligar -comentó mi tía con tono liviano mientras se daba la vuelta, pero se la notaba ofendida.

-Es que es vergonzosa -se apresuró a decir mi mama arrugando la nariz.

Cerré la puerta tras ellas y me contuve de golpear el piso con el pie. Maldito día, maldito bikini, maldito todo. ¿Por qué no me podían dejar en paz como regalo de cumpleaños? Esperé unos minutos y cuando vi oportunidad, abrí la puerta y me fui hacia el patio. Me senté en el pasto, contra la pared, y cerré los ojos mientras contenía las ganas de llorar. El sol me estaba adormilando cuando alguien me tocó la mano. Abrí los ojos apenas, y arranqué un diente de león que había a mi lado.

-Gracias. Es el mejor regalo que he recibido- dije mientras lo hacía girar entre mis dedos. -La verdad es que no he recibido muchos regalos.

-Ana, no podes estar toda la semana diciendo que no querés que te regalen nada y después estar decepcionada si te hacen caso.

Sonreí -Tenes razón. Es mi culpa.

-Sos una chica difícil. No dejas que nadie se te acerque.

Una nube oscura atravesó el sol en ese momento y el aire refrescó de golpe, provocándome piel de gallina. Apoyé la pera sobre mis rodillas.

-No es mi culpa que no sepa cómo hacer amigos -murmuré, insegura. -No lo hago a propósito, pero no puedo evitarlo. No me gusta ser así, de verdad. Odio mi personalidad, pero no se… no se cómo cambiar -me limpié las lágrimas repentinas con el dorso de la mano, intentando tranquilizarme.

-Bueno, no te preocupes. Yo estoy acá.

-Si… -dije clavándome la uña en mi mano, deseando realmente tener un amigo con quien hablar. O simplemente estar en silencio.

Él me pasó un dedo por la mejilla y acercó el diente de león a mis labios.

-Pedí un deseo.

Cerré los ojos y soplé con fuerza deseando que ese fuera mi último cumpleaños.

-¿Ana?

Abrí los ojos de golpe. Mi papá estaba de pie en la puerta, mirándome con el ceño arrugado.

-Tus tíos se van… vení a despedirte. -murmuró.

Me puse de pie de un salto y me sacudí la tierra de los vaqueros. La vergüenza provocó que mi cara enrojeciera. ¿Había estado hablando en voz alta, o solo en mi mente? Mortificada, seguí a mi papá al interior de la casa.

-Ana, vení a visitarnos cuando quieras. Siempre sos bienvenida en nuestra casa -dijo mi tía, como siempre, mientras me besaba la mejilla. Parecía más preocupada que ofendida y esto me hizo sentir culpable. Mi tío se mostró mas distante.

-…y a ver cuándo nos presentas a tu novio, eh? -bromeó ya desde la puerta.

Mis padres salieron de la casa con ellos y se entretuvieron hablando fuera. Yo fui a mi habitación sabiendo que el día aún no había terminado. Tironeé el cuello de la polera, repentinamente acalorada. No podía esperar a que se fuera mi mama así podía ponerme una remera manga corta.

Un rato después ella entró en mi habitación, con las manos en la cintura y me preparé para escuchar una hora de reproches sobre mi comportamiento ese día, pero me sorprendí cuando mi papá intervino y le dijo que me dejara en paz, que ya había sido un día muy largo. Mi mamá quiso rezongar pero no se atrevió a contradecirlo. Se me hinchó el pecho con alivio y agradecimiento.

Al día siguiente, cuando mi mamá no estaba en casa, mi papá entro en mi habitación y se sentó en el borde de mi cama. Agarró un oso de peluche que yo había dejado ahi después de limpiar las repisas y luego de mirarlo con gesto molesto lo tiró a un lado. Me puse nerviosa ante su silencio.

-¿Y a mi no me vas a mostrar la bikini? -preguntó al fin, sonriendo.

Tardé un momento en reaccionar.

-Si, claro -susurré poniéndome de pie y abriendo uno de los cajones de mi cómoda. Le extendí la bolsa con la bikini. Echó un vistazo al interior de la bolsa y volvió a sonreír.

-Muy linda, pero quiero ver cómo te queda -explicó.

Me congelé con el brazo extendido durante unos segundos. Luego apreté la bolsa contra mi pecho. Di un paso atrás y miré hacia la puerta.

-¿Qué pasa?

-Nada. Voy al baño.

Hizo un chasquido con la lengua -No sea tonta -dijo acomodándose sobre la cama. Al ver que yo no me movía giró los ojos hacia el techo. -Ya, ahí está. No veo nada -se cubrió los ojos con una mano.

Tragué saliva y decidí que mi comportamiento era estúpido. Empecé a desvestirme lo más rápido posible. La remera me cubría mientras me ponía la parte de abajo pero para ponerme la parte de arriba no pude evitar darme la vuelta. Cuando volví a girarme, mi papá me observaba fijamente. Bajé la vista al piso, conteniendo las ganas de cubrirme con las manos. Era una bikini blanca, con un aro de madera entre los pechos, y dos aros mas, uno a cada lado de la cadera. Era una bikini muy linda pero nunca la usaría. No entendía la diferencia entre una bikini y la ropa interior.

-Date la vuelta -ordenó mi papá con voz ronca. Así lo hice.

-Soltate el pelo.

Me solté el pelo y deshice la trenza.

-Nada mal… -dijo al fin, después de unos segundos tensos y a pesar de todo me alivió que le gustara cómo me quedaba -Excepto por una cosa -me agarró de la mano y tiró de mí hasta sentarme en su rodilla. Puso la mano en la parte interna de mi muslo y me apretó antes de meter los dedos por debajo de la tela.

-Tendrías que empezar a depilarte -sugirió mientras me acariciaba suavemente el vello púbico. No pude evitar contraer las piernas de vergüenza. -El pelo queda feo en las mujeres. Preguntale a tu madre cómo se hace.

-Bueno -dije, poniéndome colorada. Yo me depilaba únicamente las piernas. Una vez había intentado pasarme la maquinita por mis partes íntimas y me había irritado tanto que nunca más lo volví a hacer. Pero ahora tendría que hacerlo.

-¿Todavía con eso? -preguntó de repente, mirando mi brazo.

-Si, ya casi se cura -dije a la vez que escondía el brazo en mi espalda. Puso gesto curioso durante un segundo pero no insistió.

-¿Te sentís mas grande? -inquirió entonces, con voz suave.

Me encogí de hombros. Su mano se movía suavemente, acariciando mi entrepierna con la punta de los dedos.

-¿Pensás en eso…? ¿En la edad?

-A veces. -murmuré.

-¿Te molesta mi edad?

Me acomodé sobre su pierna, nerviosa por el cambio de tema. El aprovechó para meter la mano mas abajo.

-N-no. No se…

-Los hombres siempre son mayores que las mujeres. Yo le llevo 8 años a tu madre, ¿sabias?

-Si.

-Y bueno… -murmuró sin dejar de acariciarme -Cuando ella tenía 10 años yo tenía casi 20. Cuando ella tenia 20, yo tenia 30. Es normal.

Ante mi silencio continuó -Y mi abuelo… -dijo con tono de confidencia -tu bisabuelo, tenía 40 años cuando se casó con Rosa, mi abuela india. Una indiecita de pelo largo hasta las rodillas. ¿Sabes que edad tenía ella?

Sacudí la cabeza.

-16 años.

Abrí los ojos de par en par.

-Si. Tuvo que pedirle permiso a los padres para casarse -confirmó mi papa mientras me peinaba el pelo hacia atrás -y fueron muy felices… -murmuró apoyando la pera contra mi hombro.

Clavé la vista en el piso, profundamente confusa. Se hizo el silencio durante algunos segundos, su mano sumergida entre mis piernas, sin moverse.

-Ademas vos me hacer sentir muy joven -exclamó de repente, abrazándome con fuerza -¿No me ves mas joven? ¿Eh..? Mira, se me han ido las arrugas. Ya no tengo canas en el pelo.

Me reí nerviosa y el intentó darme un beso en la boca pero lo esquivé.

-La edad no importa Ana. Importa lo que se siente. ¿O me vas a decir que no me querés?

-No, no -respondí sin pensar. Y fue un alivio que no me preguntara a qué me refería, porque no lo sabía. Me tenía inclinada hacia un lado, su cara sonriente muy cerca de la mía. Se me hizo un nudo en la garganta cuando su gesto se ensombreció. Su mano en mi entrepierna comenzó a moverse de nuevo, pero esta vez con decisión. Me contraje involuntariamente y desvié la mirada. Su cara estaba tan cerca que podía sentir como se iba calentando su aliento.

-Creo que es hora de que te de tu regalo de cumpleaños…

A continuación me recostó sobre la cama, de manera que mis piernas colgaban hasta tocar el piso y tiró de la parte de inferior de la bikini hasta quitármela. Me acarició la panza y volvió a tocarme la vagina mientras me observaba. Mi pulso se disparó cuando se arrodillo en el piso y me separó las piernas. Inspiré aire de golpe al sentir su lengua húmeda sobre mi sexo. Luego hice la cara a un lado y me aflojé lo más que pude. Hacía bastante tiempo que no me hacía esto, y pronto estuve tan abrumada que no era capaz de pensar. Solo trataba de no moverme. Por la ventana se veía una franja de cielo azul, despejado…

No se cuanto estuvo, mucho tiempo. Lo hacía tan despacio, pasando la punta de la lengua en círculos, y luego hacia arriba y hacia abajo. Entonces dejaba de moverse para luego empezar de nuevo. Las sensaciones empezaron a acumularse y cuando sentía que no aguantaba más, él me acariciaba y apretaba los muslos hasta que dejaba de retorcerme. Finalmente cerré los ojos, intentando aguantar lo más posible y cuando los abrí, me encontré con la mirada fija de alguien que nos observaba por la ventana. Quise decir algo, pero solo emití un gemido ahogado. El más mínimo movimiento me haría desbordar. No podía hacer nada, así que sólo miré hacia la ventana, sin pestañar. El rostro, a pesar de no tener ni ojos, ni nariz, ni boca, nos observaba con horror primero, y luego, con decepción. Finalmente me miró con asco. La vergüenza llenó mis ojos de lágrimas. Estiré la mano hacia él débilmente pero entonces la tensión entre mis piernas estalló. Deje caer la mano y estiré la cabeza hacia atrás, mientras espasmos me sacudían hasta dejarme totalmente agotada y vacía. Para cuando pude enfocar la vista en la ventana otra vez, él ya se había ido, y de alguna manera supe que nunca más volvería a verlo.

***

Unos días después

-Hola Ana, ¿cómo andas?

-Bien…

-¿Cómo la pasaste en tu cumpleaños?

-No quiero hablar de eso.

-¿Tan mal?

-Sin comentarios.

-Vaya… Bueno, feliz cumpleaños atrasado.

Suspiré.

-Gracias, Charly.

De pronto un escalofrío me recorrió el cuerpo entero, cubriéndome con piel de gallina. Volví a leer. No había error.

-¿Quien sos? -escribí con dedos temblorosos.

-¿Que?

-¿¿Quien sos??

-¿Cómo que quien soy? ¡Soy Charly!

(…)

-Ah, ¿es porque te llamé Ana?

(…)

-Es que tengo otro contacto que se llama Ana.

»Me confundí.

»¿Vos también te llamas Ana? ¡Que casua-

Cerré la sesión y me quedé inmóvil mirando la pantalla. Una sospecha se instaló en mi interior, estrujando mi estómago. De pronto no podía respirar. No podía ser. No podía ser…

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3 comentarios en “Ana 38 – Edad

  1. Gracias por los comentarios y por seguir esta historia. Este mes se me complicó demasiado. Lamentablemente no me gano la vida escribiendo, y mi trabajo me consume demasiado tiempo y energía. No tengo intención de abandonar esta historia, y ya casi tengo completado el siguiente capítulo.

    Pd: Facebook me ha bloqueado la página por 24 horas y ha eliminado varias de mis publicaciones por alguna razón. Para no perder contacto, les recomiendo que se suscriban via mail en la parte de abajo del blog. Gracias por el apoyo ❤

  2. Uf, perdon por presionarte, entiendo perfectamente ya que todos tenemos que trabajar. Sient lo de facebook pero no me extraña en absoluto.

    Respecto al relato.

    Me has hecho pasar de la simple exitacion al inicio, por la fantasia en si misma, a querer castrar a ese malparido HDP. Los trastornos de personalidad que esta pobre niña esta empezando a desarrollar por la situacion que ese le esta haciendo pasar son algo espantosamente real. Usa el conocimiento que tiene sobre la sexualidad para estimularla, y asi evitar tener que violarla por medios violentos, pero sigue siendo una violacion. Y sigo sin entender porque carajos la madre no se da cuenta que algo le pasa a su hija viendo sus cambios de humor. Siempre las madres son la sultimas en darse cuenta, o se hacen por conveniencia. Tan detestables como el violador.

    Extraño un poco narracion desde el punto de vista del padre, que fue algo unico ya que no es usual leer algo desde la perspectiva del violador, me parecio super interesante.

    Tu talento para Ana es increible, deseo de todo corazon que solo sea talento para narrar tan vividamente.

    ,mis saludos y gracias.

    maleni

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