Ana 39 – Confiar

No podía ser, no podía ser…

Si podía ser.

Un frío se instaló en mi pecho, erizando mi piel. Tenía que salir de ese lugar. Me puse de pie y salí corriendo fuera del ciber.

-¡Ana!

No paré. Seguí hacia la esquina, doble. ¿Donde ir? ¿Donde? A ningún lado. Divisé el coche y empecé a caminar hacia el. Cuando llegué me metí dentro. Necesitaba refugio, no quería que la gente me viera. Quería que me tragara la tierra.

-¡Ana!

La puerta a mi lado se abrió y mi papá asomó la cabeza dentro del auto.

-¿Qué te pasa? ¿Por qué te fuiste así?

-¡¿Y a vos que te parece?! -le grité sin pensar. Mi cuerpo temblaba. El me miró sorprendido durante un segundo y entonces vi algo en sus ojos. Fue fugaz, pero lo vi. El sabía. Lo sabía. Giré el rostro hacia la ventana y apreté los puños.

-Vamos a algún lugar a hablar… -murmuró mientras se sentaba a mi lado.

-Quiero ir a casa.

-Ana…

-¡¡Quiero ir a casa!! -grité, sacudiéndome su mano. -¡¡No quiero ir a ningún lado nunca mas!!

Su gesto cambió entonces. Puso la mano en mi cuello otra vez y me apretó la nuca con fuerza.

-Bajá el tono. No te olvides a quien le estas hablando.

¿A quien le estoy hablando? ¡¿A quién?! quise gritarle, pero ya no podía. Toda la emoción se atragantó en mi garganta. Mi mente intentaba conectar los puntos, mostrarme algo que era demasiado horrible… demasiado evidente. Mi cara se ruborizo y los ojos se me llenaron de lágrimas. No podía pensar en eso ahora. No podía. Desvié la mirada y me quedé quieta, intentando no explotar. Intentando no romperme. Me concentré en no llorar con todas mis fuerzas. Tanto que apenas registré que mi papa había retirado la mano de mi nuca y ahora el auto se movía. Hacia dónde, no sabía. Solo podía pensar en respirar lentamente, una y otra vez. Una y otra vez. De pronto sentí unos dedos sobre mi cara y salté como si me hubieran quemado. No volvió a intentarlo. Faltaban pocas cuadras cuando me di cuenta de que íbamos a casa. Apenas paró el coche, abrí la puerta y corrí hacia la casa. Crucé el comedor y fui directo al baño. Cerré con llave y me apoyé contra la puerta.

Eran tan obvio ¡¿Como podía haber sido tan estúpida?! Era tan obvio… Me pregunté cómo habría conseguido mi mail pero había tantas maneras que no valía la pena. Siempre me olvidada borrar el historial en los cibers, le bastaba con haberse sentado en una computadora que yo hubiera usado antes. ¡Que estúpida! ¿Como no me di cuenta? Siempre estaba conectado cuando yo estaba conectada. Siempre insistía en hablar de mis padres…¡¿Cómo pudo haber una cosa así?! ¡¿Como pudo hablarme como si fuera un chico de mi edad?! No podía respirar de la bronca que sentía. Era 10 mil veces peor que cuando había encontrado mi diario tirado en el piso. Traté de recordar cada cosa que le había contado a Charly21. ¡Charly! Ni siquiera se había puesto un nombre diferente. Por eso nunca me creía… Por eso a veces parecía como si me leyera la mente.

Me senté en el piso, y me cubrí la cara con las manos. Le había dicho que iba mal en el colegio, le había dicho que odiaba a mis padres… ¿Que mas le había dicho? ¿Que mas le había revelado? Me cubrí la boca para no gritar. Todo lo que tenia eran mis sentimientos y mis pensamientos… eran míos, y él me los había robado. Me había engañado. ¿Como pudo hacer algo asi…? Agarré la toalla de manos y me la apreté contra la cara, para ahogar los sollozos. No era suficiente. La mordí con fuerza una y otra vez hasta que me dolían los dientes.

-¿Hija estas bien?

Tragué saliva varias veces antes de responderle a mi mamá.

-Estoy descompuesta.

-Ay hija… ¿Queres que te lleve al hospital? -preguntó desde el otro lado de la puerta.

-No.

-¿Que comiste hoy? ¿Comiste algo? ¿Queres que…?

-¡No quiero nada! -grité y la voz me sonó rara. Me tapé los oídos e intenté ahogar todo a mi alrededor hasta que mi mamá dejo de hablar. De pronto dejé de llorar y un impulso se apoderó de mi. Me puse de pie y busqué hasta encontrar la maquinita de afeitar de mi papá. Le desarmé el cabezal y quité las hojas. Inspiré una bocanada de aire y la apreté contra mi brazo lo mas fuerte que pude. Solo llegué a cortar unos 10 centímetros antes de que el dolor me despabilara. Pero fue suficiente. El corte se llenó de sangre y pronto ésta comenzó a derramarse por mi brazo. Miré las lineas que dibujaba la sangre, como hipnotizada, hasta que no pude sostenerme mas. Deje caer los brazos y cuando la sangre empezó a gotear el piso se me aflojaron las piernas. Me dejé caer. Un golpe de sudor cubrió mi frente y me entraron ganas de vomitar. ¿Que había hecho..? Agarré la toalla y la envolví alrededor de mi brazo a la vez que me recostaba contra la puerta. Fui vagamente consciente de lo que decía mi mamá. Le hablaba a mi papá. Decía que algo me pasaba.

-Se ha peleado con una amiga… -dijo mi papá en un momento. No escuché mucho más, de pronto me sentía cansada. Tenía sueño…

No se cuanto tiempo pasó, cuando el pitido en mis oídos empezó a disminuir, la casa parecía estar en silencio. El baño se veía extraño. Mas grande o más pequeño. Baje la mirada a mi brazo, sin saber qué esperar. Cuando quise retirar la toalla, noté que parte de esta se había pegado a la herida. Mi remera y mi pantalón estaban manchados de sangre. Con cuidado fui despegando la toalla y al hacerlo, la herida empezó a sangrar de nuevo.

-No, otra vez no. Por favor… -susurré sin dejar de despegarla, a pesar del dolor. Cuando acabé me sentía enferma de nuevo, pero tenía que levantarme, tenia que aprovechar para ir a mi habitación. Metí una toallita femenina en mi bolsillo y abrí la puerta con cuidado. No se veía nadie. Fui al comedor, tiré los restos de la maquinita de afeitar y agarré la botella de alcohol antes de entrar en mi pieza. Me eché un chorro en la herida y a pesar de que me lo merecía, no pude evitar sacudir el brazo a causa del dolor. Luego me pequé la toallita sobre el corte y me metí bajo las sabanas. Agotada, rememoré lo que había ocurrido y esta vez no sentí enojo. Sentí que se me rompía el corazón. Me sentía traicionada y antes de caer dormida después de llorar desconsoladamente, me prometí que nunca, nunca más volvería a confiar en nadie.

***

Al día siguiente me levanté a las 11 de la mañana, y fui capaz de vendarme el brazo, desayunar e ir al colegio. Tal vez no era tan increíble, pensé mientras miraba por la ventana del colectivo. Había ido al colegio en peores condiciones, y nadie se había dado cuenta. Lo había logrado, incluso cuando sentí que no podría. Ese día no fue la excepción. Por mas pálida o zombie que estuviera, nadie dijo nada y de alguna manera el día acabó. A la salida mi papá no estaba, asi que fui a la parada de colectivo pues no sentía fuerzas para caminar hasta casa. Durante la noche se había metido en mi habitación y había intentado hablar conmigo, pero permanecí en silencio hasta que desistió. No quería enfrentarlo. No quería verlo nunca más. Por primera vez en meses, volví a fantasear con huir…

Cuando llegué a casa, fui directo al baño y me cambié la venda. Traté de cortarla lo más fina y pequeña posible, pero seguía sin ser suficiente. Mi papá se daría cuenta… Cerré los ojos con fuerza y me recriminé mi estupidez, pero solo durante un momento. No servia de nada arrepentirse. En especial porque no podría haber actuado de otro modo. Recordaba lo que había sentido. Recordaba la sensación de estar al borde de un precipicio, la sensación de estar a punto de romperme en mi pedazos. Recordaba no poder respirar ni pensar. Lo recordaba porque ya lo había sentido antes. Era como un agujero negro…

Logré evitar a mi papá durante unos días, y me dio la impresión de que él también estaba incómodo. Pero finalmente fue a buscarme al colegio otra vez. Impotente, dudé solo un segundo y luego subí al coche. Condujo hacia el centro y para mi incredulidad, estacionó frente al ciber donde siempre íbamos.

-No quiero ir al ciber. No quiero ir nunca más -dije si mirarlo, cruzándome de brazos.

-¿Por que? -preguntó, y tuve que reprimir el impulso de mirarlo con los ojos abiertos de par en par.

¿Vas que iba a fingir que no lo se? ¿Vas a fingir que no sabes que lo se?

Al parecer si. Al parecer iba a fingir que nada había ocurrido.

-Por que no. Me aburrió -dije apretando los dientes.

El esperó un momento y luego arrancó el motor sin decir nada. Me llevó a jugar pool y a tomar café. Jugué como si fuera un robot, ignorando sus comentarios y sus chistes. Volvió a interrogarme sobre el colegio y sobre si me gustaba alguien, y no respondí nada. No solo porque estaba enojada, sino porque no podía. Nunca había podido hablarle, y ahora menos todavía. Me juré no revelarle nada más en mi vida. Para el final del partido ya no intentaba hacerme reir, sino que estaba visiblemente molesto y eso me tenía al borde de las lágrimas.

Cuando llegamos a casa toda mi bravura había desaparecido. Apenas cruzamos la puerta me agarró de la mano y me llevó a su habitación. Intenté zafarme una vez y en respuesta me apretó hasta hacerme doler. Gemí, pero no me soltó hasta llegar a la cama. Entonces agarró mi mano y le dio un besó para luego masajearla cariñosamente. Tragué saliva, confundida por lo que sentía. Me dejé abrazar y en seguida comenzó a tocarme y a desvestirme. Pronto mi cerebro se desconectó y me entregué a la costumbre. No se dio cuenta de nada hasta que todo había acabado.

-¿Que te pasó ahí? -preguntó juntando las cejas y yo me paralicé a pesar de haberlo esperado. Baje la mirada a mi brazo y note que la venda estaba manchada de sangre. Levanté la mirada con gesto culpable, sin saber qué decir. De pronto su gesto cambió, como si se hubiera dado cuenta de algo.

-Dejame ver.

-No es nada.

-¡Mostrame! -me agarró del brazo y arrancó la venda. Cerré los ojos y hundí la cabeza entre mis hombros. Se hizo el silencio durante varios segundos, su mano me apretaba la muñeca con fuerza.

-¿Qué te hici… qué te paso?

»¡¡Te hice un a pregunta!! -gritó ante mi silencio, sacudiendo mi brazo con brusquedad.

-Me caí -respondí sin pensar.

-¿Te caíste?

-S-si. En el patio. Me caí del paredón.

-¿Y que hacías subida al paredón? -inquirió con incredulidad.

-Es que… se cortó el agua y me caí del paredón.

-¿Que?

Cerré los ojos un momento. Era una buena historia así que volví a empezar.

-Se cortó el agua, entonces subí al techo pa-para destrabar el cosito del termotanque y cu-cuando quise bajar me caí del paredón y me lastimé con los vidrios…-

Mi papa me soltó el brazo de golpe y comenzó a vestirse. Cuando acabó salió de la habitación a grandes zancadas. Sin saber que hacer, me vestí yo también.

-¡¡Ana!!

La voz venía desde el fondo de la casa. Me apresuré a ir a su encuentro. Él estaba en el patio, mirando el paredón con las manos en las caderas.

-¿Por dónde subiste?

-Por ahí -dije señalando la montaña de chatarra del rincón. -Y me caí y me lastimé con esos vidrios -agregué en un susurró, señalando los pedazos de vidrios colocados en punta, que recorrían toda la parte de arriba del paredón. Un método inútil de seguridad, común en nuestro barrio.

Él se quedó en silencio contemplando el paredón pero note tenía la mirada perdida, como si no me escuchara realmente. Me sobresalté al oír el timbre de la entrada.

-¡Holaaa! ¿Hay alguien en casa? -decía mi mamá, mientras golpeaba la puerta para que le abrieran. Miré a in papá nerviosa.

-¿Todavía te sangra? -preguntó él, en voz baja.

-No, no -dije levantando el brazo automáticamente. Pero era verdad, había dejado de sangrar.

-¡Bueno, tapate eso! -masculló entonces, molesto -No preocupes a tu madre al pedo.

Apreté el brazo contra mi costado y me giré ansiosa por alejarme de su enojo pero su voz me congeló en el lugar.

-Ana -llamó con tono grave. Esperó a que me girara antes de hablar «Que sea la última vez» dijo, advirtiéndome con la mirada.

-Si.

Dudé un momento y luego corrí hacia el interior de la casa.

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8 comentarios en “Ana 39 – Confiar

  1. Hola!
    Creo que la historia mucho posee mucho potencial y me encanta desde que la descubrí, tiene un punto intermedio entre escandalo y trama, pero los últimos capítulos siento que estás divagando (Espero no ofenderte, no es mi intensión, es tu historia y tu la escribes como bien lo deseas). Creo que estás estancada en un solo sitio, y aunque entiendo todo el proceso que Ana está pasando, a veces cuando se intenta ser muy exhaustiva en una descripción se termina inmunizando al lector, al menos eso siento y eso me está pasando en los últimos capítulos.

    Quizá estás generando un clímax, yo no sé, pero creo que es hora de empezar a retomar un punto, porque cuando leo cada capítulo pareciera que fuera un circulo y volviera y volviera a lo mismo, una y otra vez. De hecho, sin ofender, al leer el capítulo pasado había decidido dejar de leer por un tiempo para ver si acumulando varios capítulos sentía algún avance, pero volví porque de verdad la historia me interesa, y leo y es exactamente igual que el anterior.

    De todas formas, espero que no lo tomes como un mal review, más bien es una especie de critica constructiva, y espero que le des el final digno que Ana se merece. Además, extraño los pov de Carlos, jajaja, lo siento, sé que es preferencia del autor, pero cuando escribías a Ana en tercera persona, creabas una mezcla de dimensiones y matices interesantes, porque había una unión entre los sentimientos de ambos y darle el paso a los lectores para que se involucraran, el pov Ana tiene sus ventajas, pero creo que estar involucrada en toda esa avalancha de emociones es lo que quizá nos mantenga en este circulo que regresa al mismo punto.

    Esperando la excelente culminación a esta genial idea, me despido.

    • Hola! Gracias por dejar tu opinión y tus críticas constructivas 🙂 me sirven, tengo la ilusión de que cuando concluya Ana habré cometido suficientes errores como para haber alcanzado un nivel de narración aceptable. No se si estos capítulos conducen a un clímax, lo que es seguro es que conducen a “algo”. De hecho había decidido saltearme un capítulo de la historia para poder avanzar más rápido y porque calculé mal los tiempos. Es lo malo de publicar a la vez que se va escribiendo. Pero ahora creo que lo publicaré, porque creo que le dará sentido a algunos detalles que tal vez parecen sin relevancia ahora. Aunque no estoy diciendo que no haya detalles, descripciones, o incluso capítulos enteros sin relevancia o redundantes.

      El año escolar de Ana esta a punto de acabar y tal vez ahi haya un “cierre”. Y quizás también haya una pausa en las publicaciones ya que ahora en verano (en Argentina) no tendré mucho tiempo para escribir. No dudes en comentar si sentis que los relatos retoman un mejor ritmo o lo vuelven a perder. De verdad, esto me ayudara en el futuro 😉 Gracias

      • Ah y sobre las perspectivas, son varios los que piden la perspectiva de Carlos, pero por ahora seguiré con la de Ana por varias razones. Una de ellas es que creo que fue pretencioso de mi parte intentar dilucidar todos los pensamientos y sentimientos del Padre. Además de que conlleva un esfuerzo extra en todo sentido, que me retrasaría o incluso paralizaría. Tal vez más adelante la retome o, lo más probable, escriba algo exclusivo sobre Carlos. Saludos!

      • Hola! entiendo y para mi es mejor que hayas sacado la perspectiva del padre. A mi personalmente me resultó incomoda, yo no quiero conocerlo y entender sus motivos. Obviamente es cuestión de gustos, yo prefiero ver todo desde la perspectiva de Ana. Pero te felicito por esos capítulos en donde contaste la historia desde los sentimientos y pensamientos del padre, no se como hiciste. Creo que tratar de meterse en la mente de un abusador es bastante dificil…uno siempre tiende a identificarse mas con el abusado.
        En fin, disculpame por meterme a opinar en un comentario q no estaba destinado a mi. Espero pronto publiques un nuevo capítulo. Saludos 🙂

  2. Es el mejor relato que e leído, espero que nos des un final feliz para Ana, soy de México y una gran admiradora de tu talentosa manera de escribir, espero más capítulos antes del desenlace saludos desde acá .

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