Ana – 40 Diferente

Al día siguiente fue a un ciber y eliminé todas mis cuentas. Incluso una cuenta Hotmail que tenía hace varios años. Mi primer mail. Todos los mensajes, todos los contactos. “¿Estas seguro de que quieres eliminar esta cuenta?”

Si. Si. Si.

No estaba segura, pero estaba furiosa. Y enferma de vergüenza. No podía ver ningún ningún contacto sin pensar que podía ser de él. ¿Cómo saberlo? Cada cosa que había compartido con alguien, ahora me imaginaba a mi padre del otro lado, leyéndolo. No era de contar mucho de mi vida, pero a veces se me escapan cosas. Contaba que me sentía sola… a veces inventaba cosas para hacerme sonar mas interesante. Nunca podría contarle nada a nadie sin pensar que tal vez… tal vez fueran él. ¡Eran todos él! Borré todo y me dije que no volvería a hablar con extraños, lo cual significaba no volver a usar internet prácticamente.

Unos días después, estalló una tormenta. Apenas crucé la puerta de la casa mi mama exclamó “¡Hablando del diablo!”. Bloqueé su comentario y la figura de mi papa que estaba sentado en el sillón con gesto serio, y seguí camino a mi habitación.

-Ni se te ocurra esconderte, tenemos que hablar… ¿Adivina a quién me crucé hoy? -dijo ella, cortándome el paso.

-Yo que se.

-Con Marta ¿Te acordás de Marta?

Un escalofrío me erizó la piel.

-No.

-Marta me contó que te vio hace unos meses, -siguió, ignorando mi respuesta -me contó que te vio en una salita… ¡pidiendo anticonceptivos!

-¡¿Que?! Eso es mentira.

-¿Y que es esto? -preguntó mostrándome una caja de píldoras anticonceptivas. Fue entonces cuando noté que la puerta de mi habitación estaba semiabierta y dentro todos mis cajones abiertos y revueltos. Mi cara enrojeció en un segundo.

-¿Revisaste mi habitación?

-¡Mas vale que lo hice! ¿Qué es esto?

–Anticonceptivos

–Eso lo se muy bien, ¿por que estas tomando esto?

–Dame la caja.

–Ana… ¿desde cuando…? ¿Tenes novio?

–Dame la caja.

–Yo ya se que las chicas de hoy…

–¡¡Dame la caja!!

– ¡Ana escuchame! Esto es serio. Yo soy tu madre y se más cosas que vos. Sos muy chica como para andar tomando esto. Las pastillas tienen una fuerte dosis hormonal y vos todavía sos una adolescente, te falta crecer, te falta desarrollarte, tu metabolismo….

–¡¿Crecer?! ¡Ya tengo 16 años! ¡¿Cuanto más te pensás que voy a crecer?!

–¡JA! ¡Te falta mucho por crecer! Eso es lo que piensan las chicas de hoy, que con 16 años se la saben todas, que ya son mujeres… No, nena… hay muchas cosas que te faltan por aprender.

–¿Estas hablando de mi o de vos?

Mi mama me miró desconcertada y luego su gesto se puso triste –De las dos.. No quiero que comentas los mismos errores que cometí yo.

–Ah, ¿así que fui un error? –le solté, solo para desviar la conversación. Yo sabía muy bien que había sido un error.

–¡No Ana! Eso no es lo que quise decir, es solo que… Pensé que eras diferente.

–¡¿Diferente?! –estallé y ya no pude contener toda la emoción reprimida –¡¿Diferente cómo?! ¿Diferente porque siempre estoy sola? ¿Diferente porque no tengo amigos? ¿Porque soy una nerd? ¿Porque nunca he ido a un boliche? ¿Porque nunca he tenido novio? ¡¡¿Así es como querés que sea?!! -Grité olvidando todo a mi alrededor. De un tirón le arranqué la caja de las manos y corrí a mi habitación dando un portazo.

Caminé de un lado a otro, temblando. Sentía tanto llanto pujando desde el fondo de mi estómago que no podía respirar. Miré mis cajones revueltos como si hubieran vomitado mis cosas en el piso y se me revolvieron las entrañas. ¡No toques mis cosas! ¡Te odio, te odio! Me dejé caer en el piso y hundí la cara contra el colchón intentando sofocar mis ganas de gritar. En el comedor se escuchaba la voz de mi papá.

-¿… qué querés que haga Mónica…? Está en la edad.

-¡¿Cómo podes decir eso?!

¡Mi papa! ¡Había dicho esas cosas frente a el! Me cubrí la cara con las manos ¿Por que era tan débil? ¿Por que no me había quedado callada? Casi me había largado a llorar frente a ellos. No se lo merecían. Mis sentimientos eran todo lo que tenía, mis secretos, mi dolor. ¡No se lo merecían! Mordí el colchón con fuerza y me tiré del pelo para evitar golpear mis mejillas. Luego me trepé a la cama y me hice un bollito bajo las mantas. Los oídos me zumbaban por lo que no podía entender ya lo que decían. Lagrimas seguían derramándose pero lentamente me fue envolviendo el aturdimiento apático que me permitía descansar.

–No me importa… no me importa si me hacen mal, no me importa… –murmuré inaudible, apretando la caja de anticonceptivos contra mi pecho –Es lo único que tengo para protegerme… es lo único que tengo… lo único… -sollocé hasta quedarme dormida.

A la mañana siguiente

Hace horas que estaba despierta, pero no quería salir de mi habitación. No podía juntar el valor para ver a mi mamá a la cara, siendo que ella pensaba que yo tenia novio y que estaba teniendo relaciones sexuales. Su odiosa mirada de decepción y sus sermones. Yo era la chica mas aburrida del mundo y me había mirado como si fuera una atorranta drogadicta. Así de frágil era su confianza en mi, así de poco me conocía.

La puerta se abrió tan despacio que casi no me di cuenta.

-¿Puedo pasar hija…? -preguntó mi mama con timidez. Me erguí automáticamente en la cama y apoye la espalda contra la pared. Ella entro en la habitación y se sentó en el borde de la cama.

-Ana, tenemos que hablar…

A pesar de mi enojo, no pude evitar sentir un escalofrió. Odiaba que dijera eso. Me ponía los pelos de punta. Decidí que no abriría la boca hasta que saliera de mi habitación.

-He hablado con tu padre y hemos decidido… que podes ir a un boliche.

Me la quedé mirando.

-Ya sos grande. Tenes edad suficiente para ir a un boliche.

»¡No es que no pudieras ir! -siguió ante mi silencio. -¡Es que pensábamos que no querías! Nunca nos lo pediste.

Era verdad. Nunca lo había pedido. En realidad no quería ir a un boliche…. ¿O si? Me alejé automáticamente cuando me acarició el pelo. Dejó caer la mano y se removió nerviosa en la cama. Me sentí culpable pero solo durante un segundo.

-Cómo pasa el tiempo… -suspiró antes de ponerse de pie.

»Así que eso… si querés ir un día, solo tenes que avisarnos. ¿De acuerdo?

-Bueno -murmuré, totalmente desconcertada por la conversación. Estaba ya en la puerta cuando se giro otra vez.

-Una cosa mas hija. Si tenes un novio… A tu padre y a mi nos gustaría conocerlo.

Tragué saliva, y giré el rostro hacia la ventana.

-Bueno, eso nomas. Anda levantándote que vas a llegar tarde al colegio.

Mi papa no habló conmigo en ningún momento, y esto me puso nerviosa. No sabia qué era lo que pensaba ni como iba a reaccionar cuando estuviéramos solos. Pero no tardaría en averiguarlo, pues esa misma tarde me pasó a buscar al colegio. Condujo en silencio por la avenida, alejándose del centro, y yo comencé a retorcer las manos sobre mi falda. Seguro que pensaba que tenía novio, y no tenía idea de como haría para convencerlo de que no era así.

Cuando entramos en la habitación, me quedé cerca de la puerta mientras él se quitaba la campera. Contempló la cama con las manos en la cintura y luego camino hacia la ventana y corrió las cortinas. Entonces se sentó en la cama y se apretó el muslo.

-Acercate. -ordenó.

Obedecí y me senté a su lado. El volvió a apretarse la rodilla como si no supiera por donde empezar.

-¿Hace cuanto estas tomando pastillas?

Tragué saliva.

-Hace unos meses.

-¿Hace cuanto..?

»¿Mas de dos meses? -agregó ante mi silencio.

-S-si.

-¿Por qué? -Preguntó con gesto confuso.

Me miré las zapatillas y me alcé de hombros.

-¿Tenes novio? Podes decirme, prometo que no me voy a enojar.

-No tengo. Lo juro, no tengo, no tengo…

-Sh, esta bien… Te creo -puso la mano en mi espalda y me frotó, tranquilizándome. Nos quedamos en silencio otra vez.

»¿Y las tomas todos los días? -murmuró rodeándome por la cintura.

-Si.

-¿Sin falta?

-Si.

Me peinó el pelo hacia atrás y después de acariciar mi cuello unos segundos se inclinó sobre mi, haciendo que me recostara sobre la cama. Me fue quitando la ropa lentamente hasta dejarme desnuda. Me tocó entre las piernas hasta que pudo penetrarme con varios dedos. Solo entonces se puso de pie y se desvistió él. Una vez desnudo se metió entre mis piernas y me frotó con su miembro antes de deslizarse dentro. Lo hizo lentamente, rodeando mi cara con sus manos. Cerré los ojos. No lo podía mirar, y aun si pudiera, los ojos se me llenaban de lágrimas impidiéndome enfocarlo. Mientras comenzaba a moverse me hizo preguntas que me incomodaron, como si sentía algo diferente, o si me gustaba mas. No se que respondí. Fue diferente, no se si por lo que yo sentía o por lo que él sentía. Me besó el cuello, la cara e intentó besarme en la boca. Tardó menos de lo usual en acabar, y lo hizo más ruidosamente. Su sudor mojaba mi piel, pero no era el único líquido que sentía sobre mi. Dentro de mi.

-¿Y porque no me dijiste? -preguntó cuando recobró el aliento, al tiempo que acariciaba mis pechos. Encogí mis hombros.

»¿Te daba vergüenza?

-Si.

-Tontita…

Mientras nos duchábamos, me pasó la esponja por todo el cuerpo y yo me dejé hacer como si fuera una muñeca. Cerré los ojos, aliviada de que creyera que no tenía novio. Había temido su enfado tanto, que el hecho de que confiara en mi me hacia sentir algo en el pecho. Mientras el agua caliente caía por mi piel, las cosas perdían significado y ya no podía recordar porque había estado enojada. De pronto dudaba de mis recuerdos. ¿Como me podría haber hecho daño alguna vez si ahora era tan cariñoso? Tal vez mis recuerdos estaban mal, tal vez él lo intentaba de verdad y era yo la que me negaba a verlo. Mi papá hizo un chasquido con la lengua, sobresaltándome.

-Te va a quedar una cicatriz… -murmuró con desaprobación, mirando mi brazo. Me tensé al recordar la herida. -Tenes que ser mas cuidadosa, hija. Ana… -Agregó en tono más suave. Me alzó la cara para que lo mirara y me acarició la mejilla con el pulgar -Las cicatrices te estropean la piel y eso es una pena, porque tenes una piel hermosa. Después preguntale a tu madre si tiene alguna crema o algo para ponerle.

Asentí, ya que no podía hablar. De repente me rodeó con lo brazos y me apretó fuerte contra su pecho.

-Tenes que tener mas cuidado… -murmuró contra mi cuello. -¿Lo prometes?

-Si -susurré apoyando la mejilla contra su hombro. Deseé que me abrazara con mas fuerza y, como si hubiera escuchado mis pensamientos, su brazo se tensó a mi alrededor sujetándome. Su otra mano bajo hacia mi trasero y comenzó a masajearme. Solté un gemido y retorcí los pies cuando sus dedos jabonosos se sumergieron entre mis nalgas…

Una hora después viajamos a casa en silencio. Era tarde, el sol apenas era visible. En un momento encendió la radio y se puso a cantar al son de una canción de Luis Miguel. Me tomó de la mano y me la apretó y yo sentí que me apretaba el corazón. Por la ventana, las nubes oscuras contrastaban con el cielo naranja brillante. Por alguna razón, cuando el auto se detuvo frente a nuestra casa, no sentí el alivio de siempre. Hubiera querido seguir mirando por la ventana un tiempo mas, mientras me sostenía la mano y su voz sonaba de fondo. No cantaba mal, y también sabía silbar. Quise que ese trayecto, entre el hotel y nuestra casa, durara mas. Cuando bajara del coche él sería mi papa de nuevo, y yo volvería a ser su hija…

***

Durante los siguientes días no podía dejar de pensar en lo que me había dicho mi mamá. Siempre había fantaseado con salir de noche, pero por alguna razón siempre lo había visto como algo alejado o inalcanzable. ¿Que iba a hacer yo en un boliche de todos modos? No me gustaba esa música, no me gustaba la gente, no me gustaba bailar… ¿Pero como sabia que no me gustaba si nunca había ido? ¿Acaso quería ser así de aburrida toda la vida? Tal vez era hora de dejar atrás mis miedos.

Con esto en mente fue como el jueves, con el corazón martillandome de nerviosismo, seguí un impulso. Como cada vez que se acercaba el fin de semana, chicos y chicas mayores repartían entradas 2×1 para los boliches de la ciudad. Me abrí paso entre los compañeros que se amontonaban a su alrededor y me acerqué a donde estaba Micaela con sus amigas. Ya casi no quedaban fines de semana en el año escolar, era ahora o nunca.

-Mica… -susurré al tiempo que le tocaba el hombro. Ella se dio vuelta y me miró como si no me conociera. Tragué saliva.

-¿Van a salir este fin de semana?

-Si…

-¿Les molesta si voy con ustedes?

Entrecerró los ojos y por un momento creí que diría que no.

-¿Vas a traer a tu novio? -preguntó en cambio. Parecía entusiasmada.

-No, a él… no le gusta salir.

¡Rayos! Debería haber dicho que ya no tenia novio.

-¿Y te deja salir sola? -Intervino Débora.

Me encogí de hombros.

-Más o menos

Todas se rieron por alguna razón. Micaela me miró de nuevo, mas detenidamente.

-Venite a mi casa mañana a las 10, ¿sabes donde vivo?

-Creo que si.

Al parecer no recordaba que en primer grado había ido a dormir a su casa una vez. No la culpaba. A mi también me parecía extraño que alguna vez hubiéramos estado tan cerca. Durante las 24 horas siguientes me arrepentí unas 100 veces de haberme comprometido a ir con ellas a bailar. Estaba casi enferma de los nervios, y el hecho de que no tuviera ropa adecuada empeoró la situación. Mi mamá me terminó prestando ropa de cuando ella era joven. Mientras tiraba prendas sobre su cama, hacia comentarios nostálgicos sobre sus días de adolescente.

-¡Pensar que ahora toda esta ropa se esta volviendo a usar! Así son las modas. Tarde o temprano, todo vuelve.

Revisé la ropa, viendo polleras cortas, vestidos, y jeans. Decidí que la comodidad era mas importante que el look, y elegí un jean negro, elastizado, tiro alto. Ya no se hacían jeans así, ahora eran todos tiro bajo y no me gustaban. Me lo probé y apenas pude cerrar el cierre.

-¡Mira que cinturita tenía a tu edad, eh! -exclamó felicitándome, o felicitándose. La verdad es que ella seguía siendo delgada y seguía vistiendo de manera juvenil. Incluso mas que yo.

Mientras me miraba al espejo pensaba en como pedirle a mi mama que llamara a Micaela para decirle que estaba enferma y no podría ir. Pero el orgullo me impidió decirlo en voz alta.

Mi papa se mantuvo ajeno a todo el proceso, ignorando cómo mi mama me ayudaba arreglarme. Solo a ultimo momento, cuando el remis tocó bocina, intervino con gesto serio.

-A las 12 en punto, estas en casa -dijo terminante.

-Si, a las 12 -prometí. La verdad es que agradecía tener una excusa para volver temprano.

Cuando el auto se detuvo frente a la casa de Micaela me dije que ya era tarde para echarse atrás. En el trayecto había incluso pensado en decirle al conductor que me dejara en centro, meterme en un ciber, y quedarme ahí una hora, pero deseché la idea por lo patética. Le ordené a mi cerebro que se callara. Estaba siendo una tonta. No era para tanto.

Toc, toc.

Micaela abrió la puerta y me miró de arriba abajo antes de saludarme.

-¡Ana! Que puntual. Entrá. ¿Trajiste la ropa?

-¿Qué ropa? -pregunté mientras ella cerraba la puerta.

-La ropa para bailar.

Mire hacia mis sandalias de taco bajo.

-No me digas que pensás ir así.

-¿Por que no? -murmuré poniéndome colorada. Belén y Débora se acercaron, rodeándome.

-¡Dios Ana, no podes ir con jean! -Exclamó Micaela, girando los ojos hacia el techo -Capaz que ni te dejan entrar así…

Me pasé las manos transpiradas por el jean. Observé mi ropa con otros ojos. Mi musculosa negra y la camperita de lana fina color gris perla que me habían regalado hace unos años y nunca había usado. Luego las miré a ellas. Todas llevaban minifalda. Micaela tenía un top dorado de breteles finísimos que dejaba ver su corpiño. Definitivamente se había puesto relleno.

-Igual no importa -dijo alzando las manos con entusiasmo -Yo te presto ropa, veni. -me tomó de la mano y me llevó a su habitación. Belen y Débora vinieron detrás.

Nunca había visto tanta ropa como la que tenia Micaela en su ropero. Ropa hermosa, brillante y colorida. Aparte de la mortificación a causa de mi aspecto, me invadió la envidia. Yo no tenía nada así. Ni siquiera tenia un espejo lo suficientemente grande como para contemplarme. Micaela tenia un espejo de cuerpo entero, con marco de peluche rosa fucsia. Toda su pieza era genial.

-A ver, desvestite -Ordenó, cortando mis pensamientos. Dudé un momento y luego me saqué la camperita de lana y la deje sobre la cama. Micaela me alcanzó una minifalda de jean y un top de espalda abierta. Con manos torpes, me quité el jean lo más rápido posible y me puse la minifalda. ¡Menos mal que me había depilado las piernas! De hecho me había depilado mas que las piernas…

El top era de una tela extraña, azul metálica, y tenia un cuello que se fruncía y se hundía entre mis pechos. Me sentía desnuda y tuve que reprimir el impulso de taparme con los brazos. Me paré frente al espejo y me observé extrañada. Nunca había visto mis piernas así. Me sobresalté cuando Micaela me rodeó desde atrás y me pellizcó las costillas.

-¡Que hija de mil! Flaca y con tetas -Exclamó tirando de mi remera hacia abajo. Automáticamente me cubrí con las manos.

-¡Ay vamos! ¿Para que las tenes si no las vas a mostrar? Sino prestamelas -bromeó y me guiñó un ojo. Todas rieron. Yo también. A pesar de mi incomodidad sentí una punzada de satisfacción ante sus comentarios.

-¡Ahora el maquillaje!

Me arrastraron hacia el comedor otra vez y me sentaron de manera que me diera la luz en la cara. Yo le había pedido a mi mama que me depilara las cejas y me pusiera un poquito de rímel. Solo eso me había parecido un gran cambio pero al parecer no era suficiente.

-No mucho. No me gusta el maquillaje -le aclaré, impotente. Micaela tenia los ojos super maquillados. A ella le quedaba bien, pero no creía que me fuera quedar bien a mi.

-No te preocupes. Cerrá los ojos.

-¡Yo le plancho el pelo! ¿Te puedo planchar el pelo? -preguntó Débora.

-Bu-bueno.

Así que mientras Micaela me ponía maquillaje por toda la cara, Débora me peinaba y Belén hacia comentarios sobre los progresos.

-¿A que hora viene Maxi? -preguntó en un momento.

-Once y media me dijo, pero viste como es… -respondió la otra.

Se me tensó el estomago. ¿Once y media? ¿Y cuándo íbamos a ir al boliche?

-No mucho… -murmuré después de unos minutos. Ya había perdido la cuenta de las capas de maquillaje que me iba poniendo.

-Sh, cerrá los ojos. No te estoy poniendo mucho, no te preocupes…-dijo y ella y Belén se rieron por lo bajo. De pronto todo mi cuerpo se tensó. ¿Y si se estaban burlando de mi? ¿Y si me estaban pintando una cara de payaso para hacerme pasar el ridículo? Tragué saliva e intenté contener las lágrimas. Era lo único que faltaba.

-Mirá para arriba.

Así lo hice y los ojos se me humedecieron al contacto del lápiz delineador. Me limpié con la punta el dedo.

-No te preocupes, es a prueba de agua -Explicó.

Genial.

Unos tortuosos minutos más, y al fin acabó.

-¡Ya esta! -declaró guardando el delineador. -¡Belén trae el espejo!

Me erguí sobre la silla y estiré el cuello ya que me sentía contracturada. No tenía idea con lo que me encontraría pero cuando vi mi imagen en el espejo, me quedé pasmada. No me había pintando una cara de payaso, gracias a Dios. De hecho no me habían puesto mucho maquillaje. O mejor dicho, esa era la impresión. Micaela era realmente buena maquillando. No se me veían las ojeras, mis cejas estaban super delineadas y mis ojos… Me llevé una mano a la cara y me toqué despacio.

-¿Te gusta?

-No… no me reconozco -susurré y sonreí. -Gracias, me gusta.

Me puse de pie y todas volvimos a la habitación. Me contemplé en el espejo de cuerpo entero. El pelo planchado parecía mucho mas largo y me caía por la espalda en cascada hasta las caderas. Mis ojos eran grandes y alargados, con pestañas super espesas y mi piel pálida parecía perfecta.

-¿Qué cambio, no? -comentó Débora mientras me tocaba el pelo.

-Si, la verdad -respondí con sinceridad.

Ayudé a Micaela a doblar y guardar toda la ropa en el ropero. A pesar de las protestas de las chicas, me volví a poner la camperita de lana con la excusa de que tal vez luego me daba frío. De pronto me acordé que mi celular estaba en el bolsillo del jean sobre la cama. Lo agarré y me recorrí la falda buscando algún bolsillo. No había ninguno.

-Mica, podes guardar mi celular en tu cartera?

-Si, claro.

Eran las doce menos cuarto cuando al fin la mamá entró en la habitación para avisarnos que nos habían venido a buscar. Todas nos despedimos de sus padres y salimos de la casa. Fuera esperaban cinco chicos, casi todos compañeros de colegio. Intercambiamos saludos rápidos y comenzamos a caminar rumbo a la costa. Si mi mama hubiera sabido que íbamos a ir caminando desde lo de Micaela al boliche, no me hubiera dejado ir.

-¿Ana…? -preguntó Damián, uno de nuestros compañeros de clase. Al parecer no me había reconocido.

-¿Viste cómo la arreglamos? -intervino Micaela, sin darme tiempo a responder.

-Bueno, tampoco es que Ana estuviera rota, Mica -Aclaró Belén, dándome un codazo.

-¡Ay, es una forma de decir! ¿O no que estas re diferente?

-Y… si -murmuré.

-¿Ves? No se ofendió -le aseguró a Belén, como si yo no estuviera ahí. Apreté los dientes y me quedé callada. Yo ya sabia como era Micaela así que era mejor ignorar todo lo que dijera.

Mientras caminábamos en grupo por el medio de la calle, sentí mariposas en el estómago. Estaba ocurriendo. Algo que había fantaseado, estaba ocurriendo. Era parte del grupo. ¡Y no había sido tan difícil! Solo había tenido que animarme. Un poco de maquillaje y una minifalda había el hecho el resto. El entusiasmo y los nervios me hincharon el pecho. Me sentía diferente, como otra persona. Como alguien mas interesante y divertida.

Durante el trayecto, varios chicos y hombres nos gritaron cosas obscenas, pero como estábamos todas juntas simplemente nos reímos. Micaela incluso le hizo la señal de fuck you a uno. Si hubiera estado sola me hubiera muerto de miedo. Aunque pensándolo bien, si hubiera estado sola no estaría en esta calle, con esta ropa, de camino a la playa.

Fuimos a un boliche que estaba sobre el mar, junto a los balnearios. “El Contrabandista”. Todo el exterior estaba recubierto de madera vieja lo cual hacia que de lejos pareciera un barco pirata. Tenia una especie de terraza arriba y una puerta que daba a una escalera que bajaba. La mayor parte del edificio era subterráneo. En la entrada había dos guardias, ambos altos y robustos, con cara de pocos amigos. Cuando llegamos a la puerta uno de ellos, que era pelado y tenia lentes oscuros, nos saludó como si nos conociera de toda la vida y se inclinó para que le besáramos la mejilla. Sin saber qué hacer, imité a las demás y, una a una, fuimos ingresando al lugar. Mientras bajábamos la escalera, la luz fue desapareciendo, reemplazada por una luz azul parpadeante y una música tan fuerte que aturdía. Me apreté a Belén y cuando llegamos a la multitud del interior, le agarré el brazo para no perderla de vista. Caminamos haciendo trensito hasta llegar a un rincón donde había un amplio sillón blanco. Débora y Maxi, su novio, se fueron a bailar juntos, y Micaela se fue hacia el mostrador para dejar la cartera. Con Belén nos sentamos en el sillón a esperarla. Pronto se acercaron varios chicos a preguntarnos si queríamos bailar. Me sorprendió que me preguntaran a mi también. Respondí que no automáticamente. Me sentí aliviada de que Belén los rechazara también pero entonces se acercó otro chico, realmente lindo, y ella dijo que si. No la culpaba, pero mientras se alejaba me entró el pánico. Apenas la podía ver entre la gente, con las luces que parpadeaban de manera que las personas parecían moverse como fotografiás, pero noté como bailaba una especie de salsa con el chico y sentí envidia. No tenia idea de como bailar así, solo haría el ridículo. Varios chicos más me pidieron para bailar, pero los rechacé.

-Bueno, ¿me puedo sentar con vos entonces? -respondió uno con una sonrisa.

-Esta bien, -le respondí sin saber cómo decirle que no. Se sentó mi lado y un segundo después pasó un brazo por mis hombros. En el sillón a nuestra izquierda había una pareja que se estaba besando, de una manera asquerosa en mi opinión, como si estuvieran solos, y este chico parecía querer imitarlos. Giré el rostro cuando intentó besarme. Ni por casualidad quería hacer eso, no era mi tipo.

-¡Vamos, un beso nomas! ¡Sos muy linda!

-¡No te escucho! -le dije por sobre la música, y era casi verdad. No se podía hablar ahí adentro.

Lo intentó un par de veces mas y finalmente se levantó y desapareció entre la multitud. De pronto me encontré sola, sentada ahí, rodeada de gente besándose y bailando. Y yo no quería hacer ninguna de las dos cosas. Permanecí ahí lo más posible pero de pronto sentí que me sofocaba. Me levanté y fui abriéndome paso entre los que bailaban, rumbo a la salida. Había demasiada gente, demasiado ruido, demasiado todo. Suspiré aliviada cuando divisé la escalera que subía hacia la calle y el aire fresco. Estaba casi arriba cuando alguien me agarró del brazo. Me di la vuelta sobresaltada y él me soltó inmediatamente.

-Perdón. Hola.

-Hola -respondí automáticamente. Era un chico mayor. Mucho mayor. Tenia vello en la pera.

-No se escucha nada ahí dentro -comentó metiéndose las manos en los bolsillos.

-No… -dije y sonreí nerviosa. -Estoy medio sorda-.

El sonrió también y luego bajó la vista hacia mi escote.

-¿Te puedo preguntar como te llamas?

-Si. Digo… Ana -Me ruboricé como una tonta. -¿Vos cómo te llamas?- le devolví.

Bajó su cabeza a mi altura antes de responder:

-Martín.

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8 comentarios en “Ana – 40 Diferente

  1. Mientras leia esta nueva entrada estaba pensando que bien podria servir para que quienes tuvieron a fortuna de no tener que sufrir un abuso como el que Ana sufrio, entendieran mejor todo lo que pasa alguien que es abusado.

    Ese infierno de que el abusador sepa estimularte para que sientas placer, intentando asi, descargar parte de su culpa en la victima, esa ansia de Ana de ser amada, tanta hambre de cariño que tiende a intentar justificar lo injustificable a cambio de un abrazo o una caricia.

    Ese sentimiento de culpa por sentir placer, aun sin ser culpable, que la lleva a un trastorno limite de la personalidad; definitivamente a este HDP – todos los HDP de la vida real deberian castrarlo sin anestesia.

    Tendia yo a culpar a la madre auque lo cierto es que trabaja y lleva encima la responsablidad de su casa tambien, sumado a la aparente falta de capacdad pára demostrar amor me hacen sentir que en cierta medida esta justificado que no se dé cuenta de nada. Lo unico que si no le justifico es que no haya sido capaz de ifundir en su hija confianza para decirle lo que le pasa. Aunque siendo una mujer golpeada capaz que la culpa a ella y no al padre.

    Siento que se abre una nueva etapa en la serie, espero que asi sea; te felicito por sacar del aparente bache en que se veia metida la serie. Es tan dificil siempre estar inspírado que te admiro por poder seguir cada cierto tiempo constante la vida de esta pobre chica, que es la de miles en el mundo.

    Me voy a permitir recomendar tu blog en el mio( y en mis redes) en una entrada propia porque creo que vale la pena leer todo esto mas alla del morbo que nos puede causar la fantasia de incesto. Como ya te habia dicho con anterioridad, es la primera vez que leo relatos de incesto desde esta perspectiva tan completa, tan psicologica y tan medica.

    Auque sigo pensando que el punto de vista del abusador le daba un toque único, con sus culpas y sus justificaciones a si mismo.

    Te sigo leyendo.

  2. Oh sí que fue diferente este capítulo y me gustó muchisimo, quería que llegaras justamente allí y creo que por eso me frustraba un poco los anteriores, y sentía que no evolucionaba. Los roles se están perdiendo, es imposible que la confusión no embargue a Ana y que poco a poco no se vaya rindiendo, en especial por la actitud calmante, proteccionista y hasta amorosa del padre, en el rol pareja.

    Tenía tiempo esperando que explotara el asunto de las pastillas anticonceptivas y el padre no perdió la oportunidad para su nueva experiencia, lo cual en su retorcido punto terminó en hacerle el amor y en romperle todas sus defensas. Me gustó mucho, no hay moral y no puede haberla en esta retorcida historia, y lo que no me cabe en la cabeza es cómo la madre no sospecha nada. Para mí, en el fondo lo sabe pero no quiere aceptarlo.

    Ahora metiste a un tercer hombre, vamos a ver qué va a pasar porque dudo de verdad que Carlos no sea del tipo celoso. Veremos si eso la busca liberar o en el fondo la hunde más.

    Sé que todos deseamos algo como una liberación para Ana, pero la realidad es que muchas veces, esa liberación jamás ocurre.

    Gracias por este capítulo y espero el siguiente.

  3. ¡Como Te adoro como escritora! Ya me estaba volviendo loca esperando la continuación y no sabes cuánto me encantó éste capítulo porque tuvo de todo lo que esperaba y muchísimo más. Gracias por la nueva publicación que diste y esperaremos la siguiente tus fieles lectores sin importar cuánto tardes.

    Buena suerte en tus asuntos personales y espero que sigas con tu pasión de escritura, te adoramos. Tomate tooodo tu tiempo porque sabemos que haces tu mayor esfuerzo por darnos lo mejor de ti.

    Saludos desde Jujuy.

  4. ¡Ay Dios mío!
    ¡Me encanto! No tengo palabras para expresarte lo mucho que me gusto. Seguila pronto, por favor, no nos podes dejar con la duda 😲 ¿Sabes hace cuantos meses estoy esperando que este momento llegue?
    Sos muy, muy buena escritora. Te felicito por ello y por la historia tan interesante que creaste ❤

  5. Martin no era el nombre del chico que atendio el telefono cuando ella llamo una vez? Me muero seria todo una sorpresa y locura. Como siempre valio la pena esperar. ❤

  6. Muchas gracias por publicar! La historia tomó un giro interesante e inesperado para mi porque a diferencia de la mayoría yo no pensé que ibas a introducir a un personaje masculino más en la vida de Ana, ni que iba a ser el mismo al que ella llamó una vez por azar en un teléfono público (si no me equivoco se llamaba Martin tambien). Me encantaría que este chico sea una ayuda para Ana, pero no quiero presionar ni llenarte de sugerencias, porque vos mejor que nadie sabés como seguir esta historia y sorprendernos.
    Quedo (como siempre) esperando ansiosa tu próxima publicación =)

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